Las elecciones de 2027-500 diputados federales, 17 gubernaturas, congresos locales y más de 2 mil ayuntamientos- representan también un referéndum para la 4t y su gobierno -cada vez más decepcionante por sus resultados, la corrupción e impunidad de sus integrantes-. El primer veredicto, es negativo: han iniciado las campañas anticipadamente con el silencio cómplice del INE (Taddei) que avala la simulación e ilegalidad del partido oficial con la figura de “coordinadores”.

El objetivo de la 4t será mantener la mayoría calificada -difícilmente el INE y el TEPJF se la volverán a regalar, como en 2024- o, una mayoría absoluta para continuar su proyecto político y el control presupuestal. El papel de gobernadores morenistas sería apoyar, a través de los Siervos de Morena pagados por la Nación, a los “coordinadores”, y evitar fracturas locales.

A favor de Morena y satélites juegan las divisiones en la oposición, que evade un frente amplio para evitar la erosión de su propia identidad ideológica y electoral, abriendo la posibilidad de alianzas selectivas en plazas donde un partido tenga más posibilidades. Para reestablecer los contrapesos democráticos -presupuestos y reformas constitucionales- la oposición requiere romper la mayoría absoluta de Morena; no arrebatar posiciones al oficialismo o, peor aún, perder posiciones, sería acercarse al precipicio.

La prueba de ácido para Sheinbaum será impedir mediante las instancias de seguridad la operación electoral -al menos visiblemente- de cárteles en favor de la 4t; el financiamiento encubierto a campañas o impulsar candidatos -verificación de integridad de candidaturas-, especialmente porque EE. UU. observará el proceso electoral: si hay narco candidatos; el rol que jueguen otras potencias; y si el gobierno mexicano es socio confiable.

Sheinbaum ha tomado medidas legales para “blindar” los procesos electorales (¿para garantizar la permanencia de la 4t en el poder?): la iniciativa para impedir que personas con doble nacionalidad aspiren a la presidencia de la República (¿Ricardo Salinas?); la que anula elecciones por “injerencia extranjera” (adversa, no amiga) por presión política, económica, diplomática o mediática que altere la voluntad popular (¿mecanismo para invalidar resultados adversos?); y, restricciones a la libertad de expresión, que obligaría a los medios informativos a autocensurarse en temas ligados al oficialismo y a cerrar sus puertas a la oposición.

Narrativamente, la 4t perdió la iniciativa política: en lugar de fabricar enemigos, señalar corruptos, hablar de lo bien que está el país, etc., Sheinbaum se dedica a defender y encubrir morenistas señalados de corruptos, de estar vinculados a cárteles -evitar su extradición al considerarlos asuntos de “soberanía nacional”-; y mentir sobre la situación del país.

El más interesado en la desunión opositora es Morena, que podría perder la mayoría calificada en Nuevo León, Chihuahua y Sinaloa. Este riesgo los obligó a iniciar anticipadamente campañas, dado el desgaste gubernamental por la corrupción, la renegociación anual del TMEC, la presión para que entregue narco-políticos, la falta de recursos y resultados en salud, educación, infraestructura, etc., y las divisiones internas del partido.

Estas elecciones serán vigiladas e intervenidas -interior y exteriormente- por quienes saben el papel geopolítico de México a favor, o en contra, de sus intereses ideológicos y comerciales.

Aunque se ve imposible -por el papel de juez y parte de Taddei-, es factible evitar el escándalo internacional y la judicialización post electoral, si el INE actúa institucionalmente; exige a Morena frenar la campaña anticipada; investiga el origen y destino de sus gastos; evita la intromisión de Sheinbaum y los gobernadores en el proceso; y si es imparcial. Como se puede ver, el trabajo pro-4t de Taddei en el INE no solo permite, sino también favorece la simulación electoral en favor del oficialismo para 2027.

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