Frente a la confrontación y violencia ideológica imperante en México, una parte de ella impulsada por el presidente y su gobierno; y otra más por el impune crimen organizado, que ya casi alcanza la cifra de 160 mil mexicanos asesinados, la desaparición de otras 30 mil personas y el control del 81% del territorio nacional, ha surgido en nuestro país un movimiento en favor de la paz impulsado por la Iglesia católica.

Movida por la reconciliación, la reconstrucción de la unidad, el diálogo y la búsqueda de coincidencias, la Iglesia católica en México ha pasado de los mensajes a la acción, dando testimonio de congruencia con sus enseñanzas.

Desde el asesinato de dos sacerdotes jesuitas en la sierra de Chihuahua, ha habido un gran movimiento orientado a motivar e impulsar la acción de los mexicanos -católicos o no- a cambiar la conducta para responder al mal con bien; para no condenar a los demás y para ayudarles a corregir su camino sin hacer de lado la debida justicia.

Además de las jornadas de oración por la paz y por la conversión de los asesinos, el repique de campanas con motivo del aniversario del asesinato de las cuatro personas en Chihuahua -dos de ellas sacerdotes jesuitas- la realización de marchas en torno a las parroquias, las campañas a sus fieles para que asuman un lenguaje de paz y concordia, la Iglesia ha dado un paso más al convocar a encuentros con diversos sectores de la sociedad para sumarlos a esta tarea de no dejarse llevar por el discurso de la descalificación, la confrontación y división, o por la violencia homicida.

En este sentido destacan dos eventos recientes de una amplia agenda a desarrollarse durante este mes: la reunión nacional de obispos y empresarios -el pasado 3 y 4 de julio- en la que destacó el papel de los dirigentes de diversas cúpulas nacionales (COPARMEX, Confederación USEM, Consejo Coordinador Empresarial, CONCANACO-SERVITUR y CONCAMIN); como el encuentro que ayer y hoy (7 y 8 de julio) está celebrando con dirigentes sindicales del país.

A diferencia de quienes omiten el cumplimiento de sus responsabilidades de gobierno, o de quienes consideran que sólo es posible acabar con este mal con el uso de las armas, la Iglesia ha apostado al encuentro y al diálogo como el camino para salir del bache en que nos han metido los violentos.

Aunque la división, la polarización y la confrontación beneficien a una corriente ideológica, el bien común demanda trabajar por el bien de todos, al margen de las coyunturas electorales del momento.

En el comunicado conjunto los participantes convocaron a la sociedad a sumar esfuerzos, tejer redes fraternas y concretar acciones para restaurar la paz en el país en un encuentro que forma parte de la preparación del Diálogo Nacional por la Justicia y la Paz en México, a realizarse en septiembre, en la ciudad de Puebla.

La paz, dijeron, no depende de una sola persona, un gobierno, un organismo, una empresa y ni siquiera de la Iglesia, sino de todos los sectores para que el diálogo sea realista y se llegue a soluciones concretas.

Frente a la impotencia resultante del imperio de la violencia y la impunidad, surge una luz de esperanza para cada uno de los mexicanos: ser artesanos de la paz con nuestras actitudes. El triunfo no depende del acuerdo de las cúpulas. La paz se construye en el encuentro y el diálogo de los diferentes. No más chairos ni fifís; y ni un muerto más.

Periodista y maestro
 en seguridad nacional

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