El presente de la Universidad Autónoma de Querétaro no pasa desapercibido en el ámbito político, pues la Máxima Casa de Estudios debe ser el origen del pensamiento crítico en la entidad, donde el disentir es un derecho y una obligación cuando lo que prevalece en la vida universitaria no se encuentra dentro del marco de lo justo, lo digno, lo correcto. Hoy muchas voces buscan desprestigiar el movimiento estudiantil que está haciendo revivir la digna manifestación y lo curioso es que esas voces son las mismas que históricamente han decidido tener a la institución más importante del estado con un presupuesto insuficiente, que la han usado como refugio político o trinchera de ataque, depende el caso.
Pensar que la actual movilización estudiantil obedece a intereses particulares de una unidad académica, en este caso Filosofía, es no haber entendido lo sucedido en los pasados comicios donde Silvia Amaya obtuvo los votos necesarios para reelegirse y ocupar la silla de la rectoría en un segundo período. Si bien la ex directora de la facultad de Química tiene el triunfo bajo el formato de elección vigente, el sentir popular no respalda en su totalidad el significado de haber ganado la contienda pasada.
Por ejemplo, la Escuela de Bachilleres, uno de los espacios de mayor relevancia para la UAQ dio un duro golpe de autoridad en la mesa al expresar a través del voto estudiantil su respaldo a Rosalba Galván Pichardo, opositora de Amaya. No es suficiente, ni justo reducir a 2 votos de consejeros la expresión estudiantil, por ello comparto los siguientes números donde entre los opositores a la actual rectora y votos nulos se juntan 5340 votos contra 1699 que obtuvo la actual titular, mismo caso en la Facultad de Artes donde el descontento se expresó con 672 votos contra 240, Filosofía con 202 contra 113, Derecho con 1245 contra 892 y así podríamos revisar cada uno de las facultades y en su mayoría nos daríamos cuenta que el bloque que no está convencido de la actual gestión es mayoría en comparación del que considera que la continuidad es lo más conveniente, al final los estudiantes dando cátedra de participación democrática.
Con los datos anteriores no se busca refutar el triunfo de Amaya, insisto, bajo el formato de votación que impera en la universidad, que dicho sea de paso considero ejemplar, ganó, aunque esto no exime a los responsables de llevar el proceso, de omisión ante situaciones que fueron denunciadas por tres contendientes. El triunfo de Amaya significa que la comunidad universitaria la respalda o siente afinidad por su gestión y proyecto, no. Por ellos es natural ver la organización estudiantil contagiarse entre aulas y pasillos, la defensa de las causas del estudiantado no tiene fecha de caducidad y en cambio siempre están vigentes. Por ello observar a figuras de la clase política llenarse la boca hablando de la UAQ, como el legislador Guillermo Vega, da un coraje enorme, no solo porque habla desde el desconocimiento, sino porque su actuar para con la universidad jamás ha sido de respaldo, sino todo lo contrario, en ninguno de sus votos o intervenciones se ha expresado la empatía, ni la solidaridad con la casa de estudios y justo al momento de votar un presupuesto justo y suficiente es donde lo “universitario” se le desaparece.
Inclusive el señalar que la organización estudiantil está manipulada por Gilberto Herrera, demuestra la enorme ignorancia del diputado panista, pues claramente cree que todos son de su condición y dentro de su pensamiento no existe la posibilidad de la libre decisión, del análisis crítico de lo que se vive y muchos menos consciencia de clase. Al final el estudiantado nos sigue dando lecciones, viva las y los estudiantes que luchan, que resisten, que no se resignan a lo establecido y que consideran que este mundo puede cambiar, puede ser más justo, más digno, un mundo donde quepan todos los mundos.
Larga, pero muy larga vida las luchas estudiantiles.























