La respuesta de la presidenta Claudia Sheinbaum a Donald Trump, tras sus acusaciones en la Asamblea de la Organización de las Naciones Unidas, resonó internacionalmente por su carga de ironía estratégica. Después de que el mandatario calificara a México como el “epicentro de la violencia de los cárteles” y le exigiera reforzar el control de su territorio, Sheinbaum respondió: “Yo también podría decir que es difícil vivir junto a un país que tiene tan alto consumo de drogas, o bien, que tiene tanta producción de armas, pero no lo voy a decir porque tenemos buena relación”.
Las cifras presentadas por el canciller Roberto Velazco ante la ONU, apenas unos días después de las acusaciones del mandatario estadounidense, contrarrestan la narrativa trumpista: una reducción del 53% en los homicidios dolosos entre septiembre de 2024 y agosto de 2026. A ello se suma que 13.4 millones de mexicanos salieron de la pobreza entre 2018 y 2024. Estos resultados permiten a la presidenta sostener que México está dispuesto a cooperar, pero no a subordinarse.
La postura de Sheinbaum muestra una posición firme frente a Estados Unidos, aunque aún condicionada por la presión política de Washington. Los golpes contra cárteles –como la captura de Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), abatido el 22 de febrero de 2026, durante una operación militar del Ejército Mexicano y la Guardia Nacional en el Municipio de Tapalpa, Jalisco–, junto con la reducción a la mitad del tráfico de fentanilo han fortalecido la posición de México en la negociación del T-MEC.
A pesar de que estos resultados le dan a Sheinbaum mayor margen para exigir reciprocidad a Trump, la presión estadounidense sigue latente. El mandatario ha advertido que podría actuar de manera unilateral si México “no hace su trabajo”.
Actualmente, México cuenta con la mejor posición relativa frente a Estados Unidos en la región. Mantiene la tasa arancelaria más baja y realiza más del 86% de sus exportaciones al amparo del T-MEC.
Desde esa posición, la presidenta Sheinbaum insiste en sostener una relación con la administración trumpista fundada en la integración económica, pero también en la defensa de la soberanía. Acepta la cooperación y revisión comercial, aunque establece límites claros: el territorio nacional y la Constitución. Su postura muestra que la relación bilateral avanza hacia un pragmatismo transaccional, en el que México utiliza resultados verificables en seguridad y datos socioeconómicos como herramientas de negociación para contener aranceles y preservar el acceso al mercado estadounidense, sin abandonar el discurso soberanista que le otorga respaldo interno.
Claudia Sheinbaum envió a Washington, desde la conferencia matutina, una respuesta cargada de soberanía e ironía. Y, el domingo pasado, durante el cierre de su gira por el segundo año de gobierno ante un Zócalo capitalino pletórico, acompañó ese mensaje con una declaración firme frente a las presiones de Donald Trump: “la soberanía no se negocia y no se entrega”. Además, subrayó que solo el pueblo define el destino de la nación.























