México y Brasil son dos países que comparten elementos o aspectos en común. Además de cuestiones culturales e históricas que los han acompañado, el deporte del futbol ha sido un elemento de vínculo o enlace con cercanía en décadas recientes. Los mundiales de 2014 y 2026 tienen una especie de ‘hermanamiento’ deportivo entre Brasil y México, respectivamente. Como países organizadores (co-organizador en el caso de México), han afrontado retos sociales y de infraestructura en territorios atravesados por desigualdades y rezagos de servicios en su población.

Una mujer estaba como Jefa de Estado en Brasil 2014: Dilma Rousseff; mientras que hoy México tiene en Claudia Sheinbaum a la Jefa de Estado, y primera presidenta del país. Ambas han afrontado críticas y narrativas en su contra desde emporios mediáticos de la televisión: Globo en 2014 y TV Azteca en 2026. Tanto Rousseff como Sheinbaum llegaron al poder después de un periodo o gobierno del líder que llevó a la izquierda al gobierno en su respectivo país: “Lula” en Brasil y López Obrador en México.

En 2014, la inconformidad y el descontento de sectores de la población brasileña contra la presidenta y la organización del Mundial se materializaron en las calles con protestas multitudinarias de colectivos o grupos con exigencias históricas: de vivienda y techo, principalmente.

Por otra parte, los colectivos de madres buscadoras y personas que visibilizan la problemática de miles de desapariciones en México también han salido a las calles para insistir con su legítima y necesaria exigencia al gobierno federal.

Las acciones de protesta y movilización de los colectivos y la CNTE son vistas como una oportunidad para medios comerciales que buscan construir narrativa y percepción de “ingobernabilidad” o incapacidad del gobierno federal.

Si bien la presidenta Sheinbaum y su gobierno han tenido omisiones y errores, sobre todo al querer desacreditar o minimizar las exigencias en las conferencias de prensa de Palacio Nacional, tampoco ocurren los escenarios que varios medios de comunicación plantean en su narrativa, sobre todo medios que han perdido credibilidad y contratos millonarios de publicidad oficial desde 2019.

Ricardo Salinas Pliego, concesionario de TV Azteca –medio comercial que utiliza un bien de la nación: el espectro radioeléctrico-, buscó la oportunidad de palpar su “fuerza” a nivel calle el día del partido México contra Sudáfrica.

Mencionado como posible candidato de la oposición en 2030, Salinas Pliego ha querido aparecer con el mínimo pretexto en reuniones o eventos que le reditúen presencia mediática en fotos y videos. Pero las deudas con el SAT, la opacidad en cómo se hizo de la concesión de TV Azteca en los noventas, su misoginia y sus insultos en el habla también lo acompañan.

Por otro lado, considero que la presidenta Sheinbaum ha adolecido de una estrategia integral que contemple o posicione más a los medios públicos para contrarrestar la narrativa de medios comerciales contra ella, en el marco del Mundial.

A diferencia de la Jefa de Estado mexicana, Rousseff emitió un mensaje nacional a través de medios públicos poco antes del comienzo del mundial, para hablar de los beneficios que dejaría el Mundial a la sociedad brasileña.

Profesor de la UAQ y periodista

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