La guerra en Ucrania ha traído la experimentación en campo de una nueva arma que ha generado una expectativa exagerada en el ámbito exclusivo de lo bélico, como lo han sido otro tipo de armas que supuestamente relegarían todas las anteriores; nos referimos a los drones.

La guerra moderna no solamente utiliza infanterías, esto es, los ejércitos de a pie, para ganar y asegurar territorios conquistados o defendidos, la artillería a base de cañones y armas de mediano y largo alcance, como todo tipo de misiles; los blindados para avanzar con mayor solidez y destruir las defensas enemigas, la aviación y las armas marinas. Hoy, destaca además el uso de la guerra irregular o híbrida, la propaganda, la desinformación y, desde luego la inteligencia, o sea, la obtención y uso de información por vías secretas o cuando menos no conocidas por el adversario.

Cuando fuerzas irregulares -desde el punto de vista militar-, como son los grupos de choque del narcotráfico u otras bandas criminales, utilizan drones, sea para vigilancia o sea para atacar a bandas adversarias o fuerzas del orden, como ya está ocurriendo en México, entonces sí que se tiene un problema.

Como ha ocurrido en Ucrania, este país ha desarrollado una fuerza considerable y variada de drones que han logrado penetrar con total impunidad las defensas rusas a distancias enormes y atacar áreas muy sensibles de su infraestructura y economía; los casos de refinerías, depósitos y fábricas de armas rusas, y hasta bases navales en puertos tan lejanos como San Petersburgo, son el claro ejemplo de la peligrosidad de estas herramientas, los drones, aunque por sí solos no van a definir la guerra ni van a recuperar el territorio ocupado.

Esto quiere decir que, a pesar de que varios países han incentivado su propia producción de este tipo de armas, sin otras no podrán obtener ventajas estratégicas contra sus enemigos en caso de conflicto. Pero esta carrera por perfeccionar drones les hace de fácil acceso y abarata sus costos para fuerzas militares de otros países que no desean quedar rezagados, pero también para fuerzas irregulares, esto es, bandas revolucionarias o del crimen organizado.

Algo muy distinto ocurre cuando este tipo de fuerzas no militares utilizan drones, por varias razones. Primero, no son difíciles de adquirir y su obtención les facilita la vigilancia de movimientos de bandas rivales o, peor aún, de las fuerzas gubernamentales encargadas de combatirlas. Segundo, su transformación de simples aparatos en armas no es complicada y, tercero, su detección y neutralización no es tan sencilla, es cara y requiere tecnología especializada que no todas las fuerzas del orden se pueden dar el lujo de adquirir. Los rusos pueden explicar muy fácilmente lo anterior.

Una tercera razón es la peligrosidad de escalar simples drones en aparatos mucho más sofisticados, cercanos a los misiles.

El peligro que representan los drones, entonces, no es sólo para países en guerra o en conflicto, sino para otros con real o aparente paz social. Muchas bandas delictivas los están demandando.

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