Son, en su mayoría, personas mayores que dejaron el hábito de fumar. Todos comenzaron en la adolescencia, por verse interesantes o por rebeldía. Ahora, tras décadas, dejan el cigarrillo y dan sus testimonios. La ceremonia se lleva a cabo en las instalaciones de la Clínica de Medicina Familiar del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE) en Querétaro. Se hace para conmemorar el Día sin Tabaco, que es el 31 de mayo, pero en esta ocasión, se realiza 10 días antes.

Se realiza el acto protocolario, donde se cuenta con la asistencia de Sebastián Granados Ponce, titular del Consejo Estatal Contra las Adicciones (CECA) en Querétaro, así como directivos del mismo instituto. Destaca la presencia del doctor Noé Montiel Rosas, coordinador de la Clínica para dejar de fumar.

Ana Luisa Sierra Ayala, directora de la clínica de medicina familiar Querétaro, da la bienvenida a los presentes, destacando la importancia de la erradicación de los malos hábitos que dañan la salud de la población.

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Josefina Guevara dejó de fumar hace 12 años. Acude a la clínica para no recaer en el mal hábito. “A mi me dijeron algo: Dejar de fumar va más allá de la voluntad. Cuesta mucho trabajo. Lo intenté varias veces y nunca pude. Aquí en la clínica me ayudaron, me dijeron cómo.

Lloré cuando pensaba que iba a dejar el tabaco, pero ahora ya no me cuesta trabajo. Cuando dije ‘ni uno más’, que fue a los dos meses de estar en la clínica, no he vuelto a fumar”, narra.

Recuerda que inició el hábito por obtener una aceptación cuando cursaba la secundaria, por estar incluida en un grupo. Por ello, dice que se debe quitar ese atractivo al tabaco, de que con el cigarro se formará parte de un grupo. También recuerda que el primer cigarro le supo mal, pero aún así quedó “pegada” a los cigarrillos, que llegaba a fumar hasta 15 al día.

María de los Ángeles Sánchez Pérez, fumó durante 45 años. Decidió dejar el tabaco cuando se jubiló, pues en ese momento comenzó a fumar dos cajetillas de cigarros al día. Pensó que la jubilación era para disfrutar de su vida, pero el cigarro hacía que físicamente se sintiera mal.

Al igual que Josefina, comenzó a fumar en la secundaria por un acto de rebeldía, pues su padre la sacó de sus clases de ballet (su pasión, pues quería ser maestra de danza clásica) para que pudiera terminar la secundaria con buenas calificaciones. Se volvió rebelde, comenzó a fumar e incluso en esa época tomó su primera cerveza.

FOTO. DOMINGO VALDEZ
FOTO. DOMINGO VALDEZ

Yolanda Zúñiga Palacios también dejó el cigarrillo, cuando comenzó con el hábito a los 14 años. Una de sus amigas fumaba y le dijo que también lo hiciera, y lo hizo por sentirse grande. Por más de 35 años fumó dos cajetillas diarias. Hace poco más de año dejó de fumar porque empezó a sentirse mal y estuvo a punto de sufrir un derrame cerebral.

Josefina, María y Yolanda afirman, eran conscientes del daño a la salud, pero como dice la mayoría de los fumadores: De algo me he de morir. Las tres coinciden que ahora, sin tabaco, la comida sabe mejor, las cosas tienen olor, hacen ejercicio y tienen otro estilo de vida, aunque aceptan que el olor del cigarro sigue siendo atractivo. Cada que pasan cerca de un fumador lo hacen más despacio, para poder inhalar un poco de ese humo. Son conscientes de las recaídas, por eso acuden a la clínica, para recibir acompañamiento y no volver a caer en el vicio.

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Al evento acude Isidro. No pertenece a la clínica para dejar de fumar. Dejó el cigarro hace cuatro años, obligado por su circunstancia, ya que sufrió un infarto: “Tenía 49 años cuando me dio el infarto. Fumaba casi una cajetilla diaria. Dejaba a mi hija en la escuela y de inmediato encendía un cigarro. Empezaba a fumar desde temprano. Después de comer, de cenar, antes de dormir, cualquier hora era buena para fumar”, explica.

Agrega que un día, sentado a la orilla de la cama sintió una especie de calambre en el pie, pero era eso. Primero fue el pie derecho, luego el izquierdo, comenzaron a hincharse. Estaba reteniendo líquidos por la insuficiencia cardiaca que empezaba a padecer. “Luego me hinché de las piernas, del abdomen. Perdí masa muscular y no podía caminar más de 10 metros sin descansar. Acudí al doctor. Me mandó muchos estudios, pero una tomografía reveló que tenía agua en los pulmones. Me drenaron dos litros de líquido del pulmón derecho. Luego, me hicieron un ecocardiograma que reveló que tenía un trombo en una artería del corazón.

“Estuve internado 15 días en la CDMX por el daño a mis arterias, provocado por el cigarro, no fui candidato a un Stent. Mi única alternativa fueron los medicamentos, llevar una dieta rigurosa y hacer ejercicio”.

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