Envuelto en una nube de humo de copal en una limpia mazateca, con música tradicional y donde se inclinó para recibir un rosario, a la par de que le aseguraron que “Dios le hizo justicia y que no le tenga miedo a sus enemigos”, el presidente Andrés Manuel López Obrador inauguró en Palacio Nacional la ofrenda-homenaje a los 91 mil 753 fallecidos por coronavirus, la cual marcó el inicio de tres días de duelo nacional.

En el patio central se colocaron altares y tapetes de flores monumentales que realizaron representantes de 20 pueblos originarios. José Ángel Maldonado, gobernador tradicional de Pótam, efectuó el saludo al sol, ceremonia del pueblo yaqui, y Teresa Ríos García hizo una limpia como parte de la ceremonia tradicional mazateca.

Bajo la bandera a media asta, López Obrador, acompañado de su esposa, Beatriz Gutiérrez Müller, recordó que este duelo nacional es para recordar a todos los difuntos, en especial a quienes muerto a causa del Covid-19.

“Según la tradición, estos días están más cerca de nosotros los difuntos, comiendo y bebiendo lo que les gustaba.

“Estarán en estos días pidiendo al creador, a los dioses y a la naturaleza mediante rezos y vocaciones el descanso y la paz de los difuntos, así como la resignación y la tranquilidad de los familiares y amigos”, indicó.

Tras su discurso, el Mandatario encendió una vela que, de manera simbólica, recordó la vida y la esperanza, y con su esposa recorrió los 20 altares indígenas.

Amenizado con música tradicional fúnebre interpretada por la banda Donají, recibió regalos, pero también solicitudes de ayuda, como la de indígenas de Tabasco, quienes le reclamaron que no han recibido apoyo tras las inundaciones en su localidad.

“Le pedí a Javier May [titular de Bienestar] que fuera a Nacajuca por lo de las inundaciones. Sí están atendiendo, les dieron un apoyo?”, preguntó.

“Hasta el momento no ha llegado”, respondieron. “¿No? Le voy a decir a Javier May”, dijo.

En el altar de la comunidad Tojolwinik’otik (tojolabal), y donde en algunos momentos la cera que caía de la vela quemaba sus dedos, el Ejecutivo federal escuchó al principal, Juan Encinos, quien le aseguró que le pedirá “a Dios que le dé ese poder, esa autoridad para gobernar al pueblo”.

“Dios le hizo el milagro y qué bueno que usted está gobernando con nosotros”, le dijo mientras López Obrador inclinó la cabeza para recibir un rosario blanco.

También le dieron una sonaja que se utiliza en bailes tradicionales: “Es para bailar al muerto”, intervino Gutiérrez Müller.

“Así es, para bailar al muerto y para cuando se hace una adoración para pedirle a Dios por todo, por el bien. Muchas veces en Oxchuc estuvo con nosotros, pero ¡qué bueno!, ¡Dios le hizo justicia, lo acompaña!”, expresó el representante indígena.

Después, el Presidente se despidió no sin antes acceder a tomarse fotografías con los invitados al recinto histórico.

“Pero con sana distancia, no nos vayan a regañar”, dijo.

Hoy continuarán estos homenajes en Palacio Nacional. Por la noche se lleva a cabo el encendido de velas y una ceremonia del pueblo nahua de Puebla. Hoy a mediodía se realizará la ceremonia wixárika.

Google News

TEMAS RELACIONADOS