Llegar no es tan fácil, pero vale la pena; el Querétaro Centro de Congresos (QCC), que ha atestiguado todo tipo de acontecimientos, alberga el segundo evento más importante de promoción turística. La música, cultura, las artesanías, los acentos “raros” y lo más importante: la comida.
Sabores y colores inimaginables se encuentran en un mismo sitio, 111 stands que ofrecen desde el típico cacahuate garapiñado hasta un exótico alacrán; desde la comida con orígenes prehispánicos hasta “los inventos” culinarios que hallaron el éxito en sus comunidades y hoy representan a todo un pueblo.
Una mujer con acento “eshpañol” prueba los burritos de maíz, “están crujientes y muy dulces” afirma, pide dos bolsas, paga 40 pesos y da un paso al costado para probar la variedad de vinos. Es el stand de Tequisquiapan.
Ahí, María, de la comunidad de La Trinidad, explica que los burritos son dulces centenarios, son granos de maíz cubiertos de piloncillo y canela, incluso desconocido para los queretanos.
“El maíz se saca de la mazorca, se deja secar, se dora en el comal y cuando esté tostadito lo sacas y lo cubres con una mezcla de piloncillo con canela y el caramelo lo viertes hasta que queda cubierto”, explica. Efectivamente, de una consistencia crujiente y que deja por toda la lengua el polvo del piloncillo que queda suelto.
Tequisquiapan también ofrece los quesos, vinos, mole rojo y verde, los dos primeros incluso forman parte de una Ruta Turística que resalta a este municipio como uno de los más visitados de Querétaro y el Bajío.
En la parte posterior de este stand está San Joaquín, el más nuevo de los Pueblos Mágicos y tal vez el más místico, la mente se traslada a su clima frío, de olor húmedo, de leña encendida, de sabor a niebla, del café de olla y su licor de manzana.
Alondra, quien llegó desde Durango, dice que no había probado nada igual, para que el viaje valga la pena se lleva tres botellas y promete armar itinerario para su siguiente visita, tal vez hoy ya ande recorriendo las grutas o subiendo a una de las pirámides en Ranas.
“San Joaquín es donde el cielo toca la tierra”, dice Daniel Ledesma, de la finca Doña Lore, la licorera más grande del municipio que alberga el concurso de huapango más importante de México, “desde 1982 elaboramos licores y tenemos seis etiquetas diferentes de licores, desde dos años hasta una gran reserva que tiene 10 años”.
Frente a San Joaquín está Jalpan de Serra, el corazón de la Sierra Gorda, que en esta ocasión muestra productos 100% naturales: café, miel, rollitos de guayaba rellenos de cajeta y nuez, pacholes, mestizas y “regañadas”, éstos son unos panecillos hechos con harina de trigo, manteca, canela y azúcar.
Los pacholes, explica Albina García, de la coordinación de Turismo jalpense, son herencia de las abuelas, un alimento que ha sobrevivido décadas, siendo el ideal para las “recién aliviadas”.
Los pacholes son unas tostadas rectangulares en las que se distingue el piloncillo y el sabor “a quemado” de los hornos de leña. Es el mismo caso de las mestizas, un pan creado en la panadería más antigua de Jalpan, Doña Rufis.
Como hace 50 años, se elabora en hornos de leña y es el más vendido en esa municipalidad; otro pan tradicional es el de pulque, pero también las gorditas de horno y el atole de maíz de girasol.
En Cadereyta: las pepitas con sal, los cacahuates garapiñados, piñones, sin olvidar las gorditas de comal, en Bernal, del municipio de Ezequiel Montes, los vinos, quesos, gorditas de nata y las gorditas de maíz quebrado.
Y como cliché: de norte a sur y de este a oeste, pasando por las largas pacholas, sopa de lima, papatzules, cochinita pibil del “mundo maya”, los mariscos de la costa, el cabrito y otras carnes asadas del norte, los alacranes asados de Durango, las tlayudas y chapulines de Oaxaca, todo en un mismo lugar.
En el sitio también se disfruta el licor del Pueblo Mágico de Oro, del Estado de México, las nieves “José Alfredo Jiménez” a base de tequila de San Luis Potosí.
Y de Querétaro, no faltó el chile de convento, gorditas de maíz, tostada de arriero, mole de xoconostle, buñuelos de la Congregación, camote achilacado, dulces de leche, yemitas y los controversiales guajolotes, que en otros lugares los conocen como pambazos.
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