Nasca, Perú. —Sobre las laderas de los cerros y el terreno estéril del desierto peruano, a unos 450 kilómetros de la ciudad de Lima y A 600 metros sobre el nivel del mar, se encuentran labradas las Líneas de Nasca, el legado arqueológico de la cultura del mismo nombre, realizado entre los siglos I y VII, y declarado por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad en 1994.

En una región donde llueve entre dos y tres horas al año se avista desde el cielo este kilométrico sistema de geoglifos antropomorfos, fitomorfos y geométricos elaborados con nada más que la remoción de piedras en un sector delimitado para dejar expuesto el sedimento, altamente contrastable con el material rocoso y arenoso.

Sobre Nasca, una localidad de 24 mil habitantes que todavía aprovecha el agua que suministran dos de los 50 acueductos milenarios que canalizaban el líquido del subsuelo, el tráfico aéreo es abundante. Avionetas Cessna y Caravan con capacidad para entre dos y 12 tripulantes despegan y aterrizan cada 12 minutos del pequeño Aeropuerto María Reiche Newman. A éstas se suman, en el aire, las que transportan turistas desde las ciudades vecinas de Palpa e Ica.

Las aeronaves sobrevuelan 12 formas emblemáticas como el “Astronauta” (con 32 metros de largo), una figura antropomorfa con cabeza ovalada y grandes ojos, los de una lechuza; el “Mono” (110 metros) y el “Papagallo” (200 metros), dos animales ajenos a la región, habitantes de la selva amazónica; el “Colibrí” (96 metros), la “Ballena” (63 metros) o la “Araña” (46 metros), que está relacionada con la petición de agua a las deidades.

Pero desde el aire estas figuras apenas son perceptibles. Más notorios son los cientos de líneas con extensiones kilométricas y algunos trapecios que cruzan el valle. Incluso pueden notarse más los daños causados por el tránsito ilegal de automóviles sobre la zona intangible.

Cuando una avioneta sobrevuela los geoglifos del “Mono” y el “Perro” (51 metros), ante la dificultad de avistarlos, los guías a bordo usan como referencia el rastro de las llantas que pasaron por encima de los dibujos. Desde el aire no hay mayor referencia para hallar las formas del primate y el canino que su cola y sus patas, “cercenadas” respectivamente por el rastro de camiones de carga que hasta 2003 cruzaban la pampa para evitar los peajes de la Panamericana, carretera que en 1932 fue construida sobre la figura “Cola de lagarto”.

Existía poco interés. En entrevista con EL UNIVERSAL, el arqueólogo Johny Isla Cuadrado, director del Sistema de Gestión para el Patrimonio Cultural de Nasca, dijo que “en el estado peruano los fondos para cultura son muy escasos. En particular en esta región había muy pocos arqueólogos trabajando. Insuficientes ante los problemas de minería y destrucción de sitios por avances urbanos y agrícolas”.

El especialista confirmó que “desde la inclusión de las Líneas de Nasca en la lista del Patrimonio de la Humanidad en 1994 se ha hecho nada al respecto; muy poco en todo caso”, hasta que en enero pasado el activista argentino de Greenpeace Mauro Nicolás Fernández fue acusado por el “delito contra patrimonio cultural, en la modalidad de atentado contra monumentos arqueológicos” por remover piedras de la superficie junto con 12 integrantes de la ONG para colocar muy cerca del “Colibrí” 45 trozos de tela amarilla con el mensaje “Time for change! The future is renewable. Greenpeace” (¡Tiempo de cambio! El futuro es renovable).

Este impasse puso en duda los protocolos de resguardo en la zona patrimonial y fue así como el Ministerio de Cultura creó el Sistema de Gestión que contempló la instalación de una oficina en el pueblo de Nasca y el incremento de dos a ocho arqueólogos para la región, con la tarea de realizar un registro de los sitios y elaborar un plan integral para su protección y conservación.

Isla Cuadrado, quien por 16 años trabajó en colaboración con el arqueólogo alemán Markus Reindel en el Proyecto Nasca-Palpa, destacó que “no hay protocolos para llevar a cabo labores de restauración de las Líneas. En el caso de geoglifos hay pocas experiencias”. Señaló que con Reindel realizaron los primeros trabajos de documentación y restauración de figuras con la anastilosis, técnica aplicada en la recuperación de arquitectura y monumentos.

El arqueólogo Alex Huamaní Cruces, del nuevo programa de gestión, explicó que las figuras fueron realizadas con ayuda de estacas y listones de algodón para delimitar la zona en la que se retiraban piedras y arena dejando expuesto el fondo más claro del desierto.

El de restauración “es un trabajo técnicamente sencillo porque el terreno en el que han sido creadas estas figuras es altamente contrastable”, agregó Isla Cuadrado. Los procesos de recuperación consisten en la “restitución del área retirando hacia los bordes las arenas o piedras que han caído al interior de las figuras. Nada más”, comentó.

Muchas tareas. “Lo que más me sorprendió cuando llegué a este cargo es que ningún sitio arqueológico en Nasca y Palpa tiene un registro oficial y al no existir éste, la situación se torna caótica porque se protege un patrimonio sin saber exactamente qué se protege”, lamentó Isla. Para él es prioritario hacer un inventario basado en trabajos de arqueólogos extranjeros.

Figuras tan representativas como el “Mono” o el “Colibrí” no están georreferenciadas ni establecidas en el mapa. El planteamiento del proyecto es “hacer un sobrevuelo de las pampas y un registro digital del terreno que permita documentar a escala (todo el legado gráfico)”. Posteriormente se tiene pensado realizar la restauración de los sitios principales. Este proceso, afirma, comenzará este septiembre.

Sobre la donación económica anunciada recientemente por el Departamento de Estado de Estados Unidos para iniciar las labores de registro y conservación, el arqueólogo dijo que se planteó un proyecto de un millón de dólares por cuatro años y de momento las autoridades de EU decidieron transferir 150 mil dólares para un año, por lo que el Sistema de Gestión “se tiene que ajustar a este presupuesto”.

El arqueólogo calcula que para hacer un trabajo integral de conservación preventiva “sólo en las Líneas de Nasca y Palpa se requiere un presupuesto de al menos medio millón de dólares al año”. Esta medida, sin considerar las necesidades de atención que requieren zonas arqueológicas aledañas como los Acueductos de Cantalloc, el centro ceremonial de Cahuachi, con una extensión de 24 kilómetros cuadrados, y el Cementerio de Chauchilla, una necrópolis Wari y Nasca sin cerco de protección ni vigilancia diurna donde, al momento de este reportaje, se reportó la extracción de una cabeza de momia por una guía de turistas.

“Hay personas que van a los sitios cuando no hay control, se ponen a excavar y encuentran cosas porque en esta región hay vestigios por todos lados”, aseveró Cuadrado.

EL UNIVERSAL acompañó a Huamaní Cruces a realizar la inspección y registro del hallazgo. Lo que Huamaní observó en el cementerio preincaico, a unos 30 Km del pueblo, es que el cráneo, aún ataviado con una vestimenta de algodón, llevaba 15 días expuesto a la intemperie y a unos centímetros del andador por el que transitan los visitantes. En el panteón se han excavado 12 tumbas de entre los años 500 y 600 (d. C) y en todas hay esqueletos en posición fetal, vestidos con fardos funerarios y sin protección que prevenga su degradación por las tormentas de arena y las altas. temperaturas.

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