Cuando tenía 12 años, el joven Erik Finman realizó una apuesta con sus padres, ya que no le gustaba estudiar, les dijo que si al llegar a los 18 años se volvía millonario, no lo obligarían a estudiar la universidad.

Es así que el joven comenzó a invertir en la criptomoneda Bitconi en mayo de 2011 gracias mil dólares que le regaló su abuela para su cumpleaños.

En aquel momento, la moneda virtual valía 12 dólares por unidad, comparado a los 2 mil 700 dólares que cuesta actualmente. Es así que al pasar el tiempo, Finman consiguió la cantidad de 403 bitcoins, lo que es aproximadamente 1 mil 9 millones de dólares.

Con ese dinero, el chico también invirtió en una empresa que luego vendió por bitcoins. Con el dinero adquirido, Finman lanzó una compañía de educación en línea llamada Botangle que permitiría a estudiantes frustrados como él encontrar maestros por videochat. Así, con 15 años, este joven emprendedor tenía 20 personas trabajando para el.

Posteriormente en 2015, un inversor le ofreció por su empresa 100 mil dólares o 300 bitcoins, cuyo precio había bajado a poco más de 200 dólares. Finman optó por los 300 bitcoins porque consideró que sería "la próxima gran cosa" y desde ese momento retomó sus negocios de bitcoins, a tal grado que ya trabaja en varios proyectos, como el ELaNa de la NASA.

En ese momento sus padres le preguntaron: “¿porqué no optaste por más efectivo?", a lo que Finman respondió que “lo pensaba más como una inversión".

"La forma en la que el sistema educativo está estructurado ahora, no lo recomendaría. No funciona para nadie. Recomendaría internet, que es gratis. Puedes aprender un millón de veces más en Youtube y Wikipedia", sostiene hoy este joven inversor.

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