El derechista Jair Bolsonaro asumió el martes como presidente de Brasil con un despliegue de seguridad sin precedentes para este tipo de eventos y con la promesa de un gobierno que rompa con los paradigmas imperantes, desde el modelo de negociación con el Congreso hasta la comunicación con la sociedad civil.

Victorioso tras la campaña presidencial más polarizada de la historia en el país, Bolsonaro también tendrá que enfrentar una brecha fiscal que se extiende ya por cinco años y un escenario económico con 12 millones de desempleados.

Bolsonaro, de 63 años y del Partido Social Liberal (PSL), tomará posesión en una ceremonia en el Congreso Nacional acompañado del general Hamilton Mourão, quien será su vicepresidente.

Después fue al Palacio de Planalto en donde recibirá la banda presidencial del actual presidente Michel Temer del Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB).

Bolsonaro ha prometido acabar con la corrupción política y la violencia, junto con dar vida a la alicaída economía de la mano de medidas de desregulación y disciplina fiscal.

El excapitán de ejército y congresista por siete períodos triunfó en las elecciones presidenciales montado en una ola de descontento contra la política imperante, y se convertirá en el primer presidente de extrema derecha de Brasil desde que la dictadura militar abrió paso al gobierno civil tres décadas atrás.

Multitudes de partidarios, muchos de ellos con la bandera de Brasil amarradas en los hombros y los rostros pintados de amarillo y verde -los colores nacionales- se reunían ante el Palacio Planalto.

Bolsonaro planea realinear a Brasil en el plano internacional, alejándolo de naciones en desarrollo aliadas y acercándose a líderes occidentales, especialmente al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien envió al secretario de Estado Mike Pompeo a su toma de mando.

Como claro signo de un cambio diplomático, Bolsonaro pretende mover la embajada de Brasil en Israel desde Tel Aviv a Jerusalén, rompiendo con la tradición brasileña de apoyar una solución de dos estados para la disputa entre israelíes y palestinos.

Respaldado masivamente por sectores conservadores de Brasil, incluyendo a las iglesias evangélicas cristianas, Bolsonaro bloquearía iniciativas para legalizar el aborto más allá de las actuales excepciones limitadas y removería la educación sexual de las escuelas públicas, oponiéndose a lo que califica de "marxismo cultural" introducido por los gobiernos de izquierda.

Bolsonaro ha enfrentado acusaciones de incitar a la violación y crímenes de odio debido a sus comentarios sobre las mujeres, homosexuales y minorías raciales. Pese a ello, su retórica de imperio de la ley y sus planes para flexibilizar el control de armas han resonado en muchos votantes.

El presidente electo prometió seguir el ejemplo de Trump y retirar a Brasil del Acuerdo de París para contener el cambio climático, un hecho que ha encendido las alarmas de grupos ambientalistas.

También lo han hecho sus planes de construir diques hidroeléctricos en el Amazonas y abrir a la minería reservas de pueblos indígenas que son considerados los últimos custodios de las de los bosques más grandes del mundo.

En una entrevista con Record TV en la víspera del cambio de mando, Bolsonaro criticó la burocracia brasileña que dijo que hacía al país un lugar más difícil para los negocios.

"La máquina del gobierno es realmente pesada", dijo. "Hay cientos de organismos burocráticos de Gobierno en todo Brasil, también de reguladores. (...)Tenemos que ordenar el desorden".

Por su parte, los empresarios se muestran ansiosos por ver a Bolsonaro al mando del país junto a un equipo de economistas ortodoxos liderados por el banquero de inversión Paulo Guedes, quien ha prometido una acción rápida para poner bajo control el déficit presupuestario de Brasil.

Guedes planea vender tantas compañías estatales como sea posible en una privatización que proyecta podría recaudar eventualmente hasta 257.000 millones de dólares para ayudar a restaurar las finanzas del gobierno.

La medida clave, sin embargo, para reducir el déficit y detener un peligros aumento de la deuda pública de Brasil será la reforma al costoso sistema de pensiones del país, la que se anticipa como el mayor de sus desafíos en el Congreso.

La seguridad del cambio de mando del martes tuvo en duda la realización de un tradicional desfile del presidente recién asumido en un carro abierto. Bolsonaro fue blanco de un apuñalamiento durante un evento de campaña en septiembre que lo mantuvo hospitalizado por varios días.

Entre 250 mil y 500 mil personas acompañaron el paso de Bolsonaro en las calles.

bft

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