Una lámpara de cristal, platos de cerámica, algunos libros y prendas de ropa forman parte de la colección de María, una pepenadora que se dedica a recoger objetos de la basura para venderlos en los tianguis.

Hace cuatro años llegó a la capital, del pueblo de San Felipe en Amealco de Bonfil. A más de 100 kilómetros de su lugar de origen, conoció a “Nosferatus”, un hombre ocho años mayor que ella, que también se dedica a la recolección de basura.

No tienen un domicilio fijo, y actualmente, no tienen donde rentar. Duermen en las calles o en las Nosferatu Cuevas, como les llaman. Ambos tienen hijos que no rebasan los 13 años de edad, a quienes sólo ven de vez en cuando.

“Yo me considero un viajero, un gran navegante que le gusta disfrutar de las cosas lindas, de las cosas bellas que nos da la divinidad. Más que nada, somos viajeros. Me gusta disfrutar la energía, la buena vibra”, dice Nosferatus, mientras sostiene una lata de cerveza, que esconde entre los objetos que ha recolectado.

Su equipaje, se limita a un carrito de supermercado. Cajas de cartón, un bote de plástico y montones de maletas llenan este espacio. El olor a basura y cerveza se entremezclan.

María salió de su casa hace cuatro años, se fue porque inventaron en su pueblo un chisme. Según los vecinos, metía hombres a la casa de su padre, quien al enterarse, decidió correrla.

En el pueblo de San Rafael, además de su padre, vivía con dos hermanos y una hermana. El mayor vive en Guadalajara y los demás en Querétaro. No obstante, casi no los ve. Sólo mantiene contacto con Tomás, quien sostiene a sus hijos de 10 y 12 años, con un trabajo de albañilería.

“Su esposa [de Tomás] se dedica a la casa. La mayor de mis hermanas, se llama Cristina y trabaja en el Pollo Feliz, pero estamos peleados por lo mismo que me junté. Dicen que abandoné a mis hijos, pero yo nunca los abandoné. No me dejan estar con ellos, por mi pareja”, dice.

María no tiene contacto con su familia. Allá en San Rafael, se quedaron además de su padre, sus tíos y sus primos. Su madre murió cuando era chica y desde entonces, vivió con su padre y sus hermanos.

Se embarazó a los veinte años y su pareja la abandonó.

A los 30 años, María empuja el carrito de supermercado cargado con bolsas y maletas llenas de chacharitas. Se encuentra afuera de un bazar. El dueño, quien la conoce desde hace algún tiempo, le regala algunos objetos para su venta. En esta ocasión, se lleva un par de libros y una lámpara.

Los lugares donde venden los objetos van desde el mercado del Tepe, o el tianguis de Loma Bonita y El Tintero. Otros días colocan sus pertenencias en medio de la calle. El día de hoy, han decidido vender en El Cerrito.

Sobre una lona rosa, la pareja de pepenadores colocan los productos: cuatro platos de cerámica, una lámpara cromada, imanes, un reloj, un par de guantes de jardinería, llaveros...

Nosferatus está próximo a cumplir los 40. Tiene un hijo de 11 años que se llama Adrián y a quien hace diez meses no ha visto. Su pareja y él tuvieron problemas y no da detalles, cambia el tema. Se refiere a sí mismo como un aficionado al cine y la literatura. Sus cineastas favoritos son el alemán Murnau, Pedro Almodóvar y Steven Spielberg. Le gustan los libros místicos y la literatura gótica.

“Andamos pernoctando, pero no es porque no tenga para rentar. Me gusta estar al aire libre y disfrutar de la música”, dice, mientras admite que algunos días, cuando la venta no va bien, no les alcanza “ni pa’ un refresco”.

Los días afortunados llegan a ganar 800 pesos por la venta. Esos días pagan un cuarto de hostal, se bañan y van a cenar a los restaurantes.

Hoy no han vendido mucho. Los cuatro platos de cerámica los compró una señora a 20 pesos y otra mujer, compró un par juguetes a 15. Esperan mantenerse en El Cerrito durante el resto de la tarde, a menos que la lluvia o la policía los corra.

Entre los libros recolectados, aparece Siddartha, de Herman Hesse, dos número de Samael Aun Weor y el Libro de la Selva. En uno de ellos, sobre una tapa guinda, escrito con corrector blanco se lee: Nosferatus, el fantasma de la noche.

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