Batalla de Puebla. Queretanos que pelearon por el honor

El cronista Eduardo Rabello explica cómo fue la participación del estado en el combate del 5 de mayo de 1862
Batalla de Puebla. Queretanos que pelearon por el honor
Eduardo Rabello Urbiola muestra la representación de una de las tres banderas queretanas que ondearon aquel 5 de mayo de 1862 en Puebla (CÉSAR GÓMEZ. EL UNIVERSAL)
05/05/2018
02:51
Domingo Valdez
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El cronista auxiliar Eduardo Rabello Urbiola afirma que la participación queretana en la Batalla de Puebla fue espontánea y de sacrificio total, pues de los mil 200 soldados que fueron a esa ciudad, ninguno sobrevivió. “¿Se les iba a dar algo? Nada [no había salario, sólo alimentos]. Simplemente la gloria y el honor de luchar por México. Esos son valores que no se entienden hoy en día porque la vida ha cambiado, pero en aquellos días era otra realidad”, indica.

Explica la participación de los queretanos en la segunda intervención gala, derivada de la suspensión de pagos emitida por el presidente Benito Juárez, medida que no gustó a Francia, España e Inglaterra, pero que al final los dos últimos aceptaron las medidas de México, no así Francia, que no estaba dispuesta a regresar a Europa con las manos vacías.

El representante de Francia, quien no aceptó la suspensión de pagos, estaba dispuesto a cobrarse como fuera, notificó a su gobierno, y las tropas francesas avanzaron rumbo a Tehuacán. Juárez, al conocer las intenciones de Francia, pide a los gobernadores ayuda para formar un ejército que defendiera la soberanía nacional. El entonces gobernador de Querétaro, José María Arteaga, quien había formado un grupo de defensa en la Sierra Gorda, principalmente para contener a los grupos de salteadores y contrabandistas de tabaco, así como contener al general Tomás Mejía, quien quería imponer un gobierno con fueros militares y con el catolicismo como religión oficial, responde.

Cuando llegó la carta de Juárez, Arteaga manda llamar al Batallón Hidalgo, nombre impuesto a esta fuerza de defensa en la sierra, y emite una convocatoria para que los civiles se unan.

“La gente acude. Algunos con un fusil, un mosquete de la época de la Independencia, un sable, otros con un azadón o con una lanza, pero se juntó mucha gente. Entonces es cuando forma lo que comúnmente se llama el Batallón Ligero.

Lo que hace Arteaga es una fuerza de infantería ligera. Es una fuerza que su arma es una lanza y un fusil, lo más ligero que pudieran andar, para cubrir distancias de manera rápida”, narra.

Sin embargo, con toda los queretanos que responden al llamado del presidente Juárez para defender al país, Arteaga forma dos batallones de infantería y un escuadrón de caballería, que pocas veces se dice, apunta Rabello Urbiola.

La única bandera que se conserva es la que dice Primero Querétaro, que es la del Primer Batallón de Infantería. La del Segundo Batallón y el Escuadrón de Caballería se perdieron. Actualmente la bandera está en el Congreso del estado.

Había conocimiento del armamento que tenían los franceses: fusiles cuyas balas podían ser efectivas a 400 metros, es decir, podían alcanzar a herir a un hombre a esa distancia, incluso la bala podía atravesarlo e herir de muerte al que estuviera detrás de él.

En ese entonces la población de todo el estado no rebasaba las 100 mil personas. Los voluntarios no tenían instrucción militar, pero Arteaga los prepara militarmente. Mientras, un grupo de damas queretanas, cuyos nombres se desconocen, hicieron las banderas de los batallones y el escuadrón. Las dos primeras eran cuadradas, mientras que la de la caballería era más chica, como se acostumbraba en la caballería, recuerda Rabello Urbiola.

El 10 de enero de 1862 en la plazuela de La Cruz hicieron el juramento a la bandera. Eulogio Marroquín fue el encargado de recibir la bandera. A mediados de ese mes partieron a Puebla, donde se estaban concentrando todas las fuerzas mexicanas.

Llegaron en febrero, pues las cabañuelas ese año “fueron muy buenas”, y las lluvias que acompañaron a las fuerzas queretanas no les permitieron avanzar rápido.

Llegando a Puebla se pusieron a las órdenes del general Ignacio Zaragoza. Poco tiempo después llegó Porfirio Díaz.

Ignacio Zaragoza hace tres divisiones: una a su mando, otra bajo las órdenes de Arteaga y la tercera de Díaz. Se dedican a fortalecer a la ciudad de Puebla, pues saben que por ahí llegarán los franceses.

“Conocedor del terreno, el general Arteaga le propone a Zaragoza que se haga una acción retardataria, para evitar el avance rápido de los franceses. Le explica que acudan a Acultzingo, tomar las cumbres y atacar cuando aparezcan. Zaragoza le dice que no es mala idea, que lo haga. Arteaga se dirige a Acultzingo”.

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El 28 de abril ven venir a los franceses, quienes llegan cansados por el traslado de piezas de artillería a través de zonas montañosas. Deciden detenerse para tomar sus alimentos, y es cuando Arteaga ordena atacarlos, causando mucho daño. Pero después de tres horas y media de combate, un bala hiere en la pierna izquierda a Arteaga, lastimándole tibia y peroné, explica el cronista auxiliar. Cae de su caballo, que muere por el impacto de la bala. Cuando los soldados vieron caer al general comenzaron a huir, pero llegó Díaz, mandado por Zaragoza para reforzar a Arteaga, evitando la desbandada generalizada de los soldados, rematar la lucha contra las franceses y retardar el avance de los invasores.

Arteaga es trasladado a Puebla en una camilla improvisada en una puerta. Las fuerzas de Querétaro fueron las primeras en luchar contra los franceses en 1862. Arteaga, por la gravedad de la herida, debió ser trasladado a la Ciudad de México, y los queretanos se dividen en dos brigadas.

Rabello Urbiola agrega que el 5 de mayo los queretanos volvieron a entrar en acción contra los franceses, y unos días después participaron en una escaramuza más. Para esas fechas, dice el cronista auxiliar, el Escuadrón de Caballería ya había desaparecido (cayeron en combate) y queda apenas una veintena de queretanos.

Rabello Urbiola destaca que quienes se unieron a las fuerzas queretanas lo hicieron sin ningún tipo de paga, pues le dijeron que lo único que recibirían serían sus alimentos y no de muy buena calidad.

Añade que para 1861,-62 aún permanecía el recuerdo de la intervención estadounidense, y a pesar de las bajas queretanas en esa guerra, pues sólo 80 de 580 soldados regresaron a Querétaro, los hombres queretanos respondieron al llamado de Arteaga, con la idea de “ahora no nos van a quitar nada. Ahora México permanece completo o todos muertos, y fue lo que hicieron al final de cuentas”.

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