Reviven la Pasión de Cristo en cerro de La Cañada

La tradicional representación cumple 55 años
15/04/2017
01:32
DOMINGO VALDEZ
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Desde lo alto del Cerro del Bautisterio la vista a La Cañada es espectacular. Dominan en el panorama las jacarandas en flor, con su color violeta. La avenida Emiliano Zapata es fácil de identificar por las lonas multicolores y la muchedumbre que camina en ella. En la cima se desarrolla un drama: tres hombres, uno el hijo de Dios, mueren en cruces, en la 55 representación de la Pasión de Cristo.

El reloj marca las 14:50 horas. Los centuriones romanos preparan a los criminales para morir en la cruz. Luego de que caminaron desde el palacio de Poncio Pilato, ubicado en la Plaza de San Pedro, en el centro de La Cañada, a dos kilómetros, bajo una temperatura cercana a los 30 grados Celsius.

El Cristo sube despacio el cerro. Es escoltado por soldados romanos, que de vez en cuando sueltan una andanada de latigazos en su espalda, para que no detenga el paso, no descanse y siga avanzando hacia su destino final.

En el camino la seguridad romana es violada en varias ocasiones. Una cuando María, la madre de Jesús, se acerca a su hijo para consolarlo durante su suplicio. En la segunda, una mujer, de nombre Verónica, rompe el cerco de seguridad y con una paño limpia de sudor y sangre el rostro de Cristo, que milagrosamente queda estampado en el pedazo de tela. La tercera cuando un grupo de mujeres piadosas se acercan a Jesús y lloran a su lado.

“No lloren por mí, mujeres de Jerusalén. Lloren por ustedes y sus hijos”, son las palabras de Jesús, dichas con el poco aliento que le queda.

Por la mañana, el Mesías fue llevado ante los sumos sacerdotes del templo de Jerusalén, quienes lo acusaron de blasfemar y autodenominarse “hijo de Dios”, lo que enfureció al status quo, representado por el Sanedrín, que se apoyó en el gobernador Poncio Pilato para terminar con el insurrecto.

Pilato no encontró culpa en el nazareno, pero tampoco hace nada para defenderlo, a pesar de que Claudia, su esposa, le pide que defienda al que llama profeta. Entrega a Jesús a los judíos y pide a uno de sus sirvientes agua, para frente a todos lavarse las manos sobre la muerte del este hombre.

La decisión le cuesta al gobernador romano incluso su relación de pareja, pues Claudia le reclama que no haya salvada la vida de Jesús y sí la de Barrabás, ladrón que estaba preso y que por petición popular es dejado libre.

Un soldado romano difiere. Dice que está apenado, pues a él le dicen valiente por defender a Roma, pero ahora se siente incómodo porque Roma asesinará a un inocente.

El centurión da su explicación. No muy lejos de ahí otro hombre lucha, pero éste por abrirse paso entre la multitud con su caja de paletas “de sabores y colores, a 10 pesos”.

La multitud que se reúne en La Cañada aguanta bajo gorras, sombreros y sombrillas el sol abrasador, mientras vendedores de paletas y sombreros pasean constantemente entre la multitud que acude a la plaza San Pedro para presenciar el Viacrucis.

La cantidad de personas que sigue el juicio de Jesús, de acuerdo con Protección Civil, es cercana a los 15 mil espectadores; sin embargo, no todos están en la plaza San Pedro, donde se colocó una pantalla gigante, para quienes desean seguir paso a paso el camino de Cristo rumbo al Gólgota.

Sobre avenida Emiliano Zapata, por donde pasará el Mesías con su cruz, se disponen cientos de puestos que ofrecen las mercancías más variadas. Desde gorditas de queso, hasta filetes de pescado y mojarras, pasando por la micheladas, cóctel de camarón, nieve, aguas frescas, sombreros y hamacas.

Antes de que pase el Nazareno, la gente aprovecha para comer y beber algo. Los puestos de mariscos y micheladas son los más buscados por quienes esperan el paso de Jesús.

La mayoría de los fieles esperan el momento del Viacrucis con sendos vasos de cerveza en mano; otros, más prácticos, con la lata. Muchos prefieren almorzar algo, para poder aguantar la subida al cerro con Cristo. Los camarones, mojarras y filetes son el platillo más socorrido en Viernes Santo, pues “hay que guardar la vigilia”.

Tras ser lapidado por los centuriones, momento que fue inmortalizado por miles de teléfonos celulares que aparecieron en el momento en el cual Jesús era castigado, el grupo se abre paso entre la muchedumbre que observa como Cristo “sangrando y golpeado” avanza lastimosamente por la calle.

Un grupo de jóvenes abre paso usando una cuerda de plástico, con la cual obligan a que la gente se repliegue, dejando el paso libre a Jesús, los soldados romanos y una docena de fotógrafos que los siguen desde temprana hora.

Los actores de La Cañada avanzan ante la nube de celulares, propiedad de los asistentes que quieren inmortalizar el instante, en lugar de verlo nada más y platicarlo posteriormente.

La moda de gabar todo lo que se ve y subirlo a redes sociales, para compartirlo y obtener muchos likes, genera que casi todos los asistentes inmortalicen el evento con sus móviles, aunque ello signifique tengan que verlo a través de una pantalla, a pesar de estar a unos metros de los protagonistas.

Luego de pasar a un costado del árbol en donde pende el traidor Judas Iscariote, quien castigado por la culpa y el remordimiento por haber entregado a Cristo decide quitarse al vida, el grupo avanza lentamente, aunque ya en esta parte de la avenida con mucha menos gente y con escasos puestos a pie de baqueta.

En la cima del Gólgota-Bautisterio, la multitud espera la crucifixión del Mesías. Jesús y los dos ladrones esperan unos minutos, que son aprovechados por elementos de Primeros Auxilios y de Protección Civil para hacer un chequeo rápido de los tres hombres que serán cruficados en unos momentos, ante la mirada de la muchedumbre.

El momento llega. Luego de crucificar a los ladrones, los soldados romanos lo hacen con Cristo, quien le prometió a uno de los dos bandidos que estaría con él en el reino de los Cielos, de acuerdo a los Evangelios.

Una mujer que está en primera fila, grita a los fotógrafos que se hagan a un lado, que también tienen derecho a ver. “También subimos caminando. No se vale, les vamos a echar a Protección Civil”, dice la mujer de alrededor 50 años, blusa rosa y pantalones de mezclilla.

Pide a unos de los jóvenes del staff que por lo menos le tome una foto con su celular. El joven acepta y toma el móvil de la mujer para capturar una imagen. “No se pudo. No tiene memoria su teléfono”, señala a la combativa mujer, que no tuvo más remedio que tomar su celular, sin su foto.

A las 15:11 horas el Mesías expira. Todo se ha consumado. Lo soldados romanos bajan los cuerpos de los tres hombres sacrificados, pero es el de Jesús el que llama la atención. El padre Sergio Martínez Duarte invita a los presentes a bajar con precaución y, como lo hizo durante los pasajes del Viacrucis, explica el significado de la Pasión de Cristo y la razón de su muerte.

La muchedumbre baja del cerro lentamente, pues la tierra suelta provoca caídas y resbalones. Algunos hacen planes de dónde ir a comer y recuerdan que vieron un puesto de micheladas, aunque eso pueda traer como consecuencia que los elementos de la Policía Estatal y Municipal detengan a los fieles, como al joven que “de sentimiento” abrió su caguama en la calle.

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