Río de Janeiro.— La cancha dura no es la superficie favorita del tenista español Rafael Nadal y eso se nota. Aunque ya no porta una venda en su muñeca izquierda el número cinco del ranking mundial aún no se siente totalmente cómodo en el Centro Olímpico de Tenis donde entrena por tercera ocasión.

Luce incómodo. Grita, golpea las pelotas y gesticula cuando no consigue hilvanar puntos ganadores. Lo intenta una y otra vez y consulta con su entrenador Toni Nadal los movimientos que debe hacer para alcanzar su objetivo.

A Nadal, de 30 años de edad, lo acompañan también su doctor y fisiatra, además de unos 20 reporteros que capturan cada movimiento del jugador oriundo de Manacor.

Sus manías siguen ahí. Previo a cada saque Nadal se toca el pantalón corto, el hombro izquierdo, el derecho, la oreja izquierda, la derecha y nuevamente la izquierda, la nariz y oreja derecha. También coloca un par de botellas de agua alineadas como es su costumbre y bota al menos cinco veces la pelota antes de golpearla. Todo esto justo en los 20 segundos que tiene para poner la pelota en juego.

No le incomodan los flashes de las cámaras. Está acostumbrado. Lo que sí le molesta es no concretar el golpe de revés ante Albert Montañés, su compañero de práctica.

Así pasa una hora. Nadal debe irse de la cancha central, pues es el turno de entrenar de Novak Djokovic.

A “Nole” se le nota más confiado en superficie dura. Por unos minutos observa atento cada golpe y debilidad de quien podría ser uno de sus principales escollos para alcanzar uno de los títulos que faltan en su vitrina.

El oro olímpico es uno de mis pendientes”, dice Djokovic en conferencia tras su entrenamiento.

Ante la ausencia de Roger Federer, Novak es el favorito.

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