Hilos

Los seres humanos necesitamos de la ficción para leer los renglones de nuestra propia historia, la que escribimos cada día. Comprendemos las experiencias que vivimos gracias a la narrativa de libros, la que da origen al cine, series de televisión, ópera o teatro.
12/02/2019
07:48
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Una de las leyendas más antiguas del Japón habla de un hilo rojo vinculado con el destino. Según este mito, cada persona está destinada a unirse con otra: su pareja, su alma gemela. Aunque no lo sepan, ambos llevan un hilo rojo que va de su dedo meñique al corazón, que simboliza la arteria ulnar. Si el destino tiene preparado su encuentro, el momento en que se reconocen está lleno de magia. 

Habrá entre ellos una atracción profunda que unirá sus hilos rojos, creando una conexión tan poderosa que puede durar la vida entera. Algunos hechiceros tienen el don de la adivinación y la capacidad de ver los hilos que cada hombre y cada mujer tienen, para seguir el rastro de color hasta su final, donde está el ser destinado por la vida para ser su compañero. 

La milenaria literatura japonesa tiene varios relatos surgidos de esta leyenda, que explica por qué algunos amantes se conocen jóvenes y viven juntos por décadas en una relación armoniosa y feliz, mientras otros pasan años en la búsqueda de su pareja ideal, viviendo relaciones destructivas o complejas.

Los hilos rojos, una vez unidos, podrán enredarse, estirarse, tensarse o desgastarse, pero nunca romperse.

Los seres humanos necesitamos de la ficción para leer los renglones de nuestra propia historia, la que escribimos cada día. Comprendemos las experiencias que vivimos gracias a la narrativa de libros, la que da origen al cine, series de televisión, ópera o teatro. Los personajes de las grandes tragedias nos ayudan a explicar las circunstancias que nos rodean y sus parlamentos se convierten en frases que salen de nuestros labios.

Toda la ficción tiene hilos conductores que llevan a los protagonistas a superar obstáculos, alcanzar metas, sufrir dolores inevitables o gozar momentos dorados. Cada escritor es una persona que lleva dentro de sí al creador de los textos que firman ambos con el nombre que los define. En la estupenda película inglesa The Lady in the Van, con Maggie Smith y Alex Jennings, este actor encarna a un dramaturgo que vive con su otro yo, el que escribe lo que le ocurre. El hilo conductor une las escenas para que los espectadores comprendamos el proceso creativo que llevó al guionista Alan Bennett a escribir esta obra que él mismo llevó al escenario a través de un monólogo.

Lilvia Soto, poeta nacida en Chihuahua cuya obra es reconocida en varios países, publicó en 2017 el libro Lengua lanzadera enhebrada sobre los hilos con que se teje la existencia. En la sección “Homo digitalis”, dicen dos de sus estrofas: “Cada vínculo que escogemos / en nuestras vidas / nos lleva por una ruta inesperada / a un lugar distinto, / a una nueva intersección / con enlaces / que nos guían por imprevisibles caminos. //

Cuando su estructura hipertextual / rompe la linealidad del texto impreso, / la acreditada voz del autor / con su verdad unitaria / se une a otras que ofrecen / puntos de vista que difieren / opiniones disidentes, géneros mixtos, / estilos híbridos, / inesperadas vistas del futuro / rutas no transitadas del pasado”.

En talleres de escritura creativa toco estos temas: lo que hubiera podido ser y no fue, así como lo que fue pero no debió haber sido. Es decir, esas inesperadas vistas del futuro, esas rutas no transitadas del pasado.

Todos vivimos con líneas paralelas a nuestra vida. Nos preguntamos lo que habría sido de nosotros si en lugar de estudiar esa carrera, abrir ese negocio, vivir en esa casa o dedicarnos a este oficio, hubiéramos escogido otra opción, dejando que el corazón o los instintos nos llevaran a otros caminos.

Al escribir se tejen historias de colores, con hilos que llevan a un personaje a realizar actos temerarios o hirientes, que ayudan a otros o los aniquilan. Las palabras son la materia, cada párrafo se une a otros para confeccionar una prenda que los viste y protege como si fuera una capa. 

Dice Lilvia Soto: “Y es así como / homo faber / hila, teje, borda, / hace ganchillo, / punto de cruz, / convierte en encaje / el hilo del gusano / la lana de ovejas y corderos, / el vellón de la alpaca y la vicuña, / las fibras de la yuca, el lino, el algodón, / el yute, el cáñamo, el sisal...” la suya es una espléndida compilación de poemas que hablan del ser humano, de su función como tejedor de la cultura. En sus versos está condensada la vida.

Uno de mis hilos rojos está conectado con el suyo.

Promotora cultural.

Autora de Historias íntimas de la casa de Don Eulogio, El arzobispo de gorro azul.

Twitter: @AraceliArdon

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