Anita veía tejer a su mamá, así aprendió ella. Cuenta que en la parte alta del telar, Anita metía la cabeza para ver cómo trabajaba su mamá. Y como siempre estaba con ella, se la pasaba horas viéndola. ¿Y quién enseñó a su madre a tejer?
“Pues le enseñó su abuelita, y a la abuelita, que su mamá, entonces viene desde esas generaciones, de esas mujeres de la Sierra, yo soy de allá de la Sierra, del municipio de Jalpan”.
Su madre usaba el telar de cintura para hacer cobijas y otras piezas que utilizaban en casa. Trasquilaba a las borregas para de ahí hacer el hilo. El tejer era una práctica que se repetía en la gran mayoría de las familias. “Así era como podían tener sus cosas”. Y se transmitía de generación en generación.
“Me encantaba, yo siempre estaba mirando tejer a mi mamá. A veces ella se paraba al baño, o se levantaba para hacer otras cosas, y yo me amarraba el telar y empezaba a tejer, hacía un intento de hacer algo yo sola, nomás de metiche, pero le agarraba sus cosas a mi mamá con la idea de hacer algo mío”.
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Más tarde se decidió a aprender “de verdad”. Cuenta que fue poco a poco. “Me dije: voy a tratar y pues mire, sí aprendí”. Después de trabajar por varios años, nada relacionado con el tejido, se enfrentó a una situación que la llevó de nuevo a sacar su telar y comprar hilos.
“Fue cuando enfermó mi mamá y mi marido también, yo me salí de trabajar y dije: ¿ahora qué voy a hacer en la casa? ¿Y de dónde voy a tener dinero? Entonces empecé a tejer de nuevo, empecé a comprar hilos y un sobrino empezó a promocionar mis cosas. Y me empezaron a encargar cosas”.
El trabajo textil de Anita Hinojosa Reséndiz se encuentra a la venta en la Casa Queretana de las Artesanías, además de exhibirlo y ponerlo a la venta en otras ferias.
En la Noche de Museos participó hablando de su trabajo con los transeúntes que pasaban por el andador Libertad. En una de las rejas de la misma Casa Queretana, Anita amarró la punta de su telar y comenzó a trabajar a la vista de todos.
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Algunas personas, sobre todo mujeres, se acercaban a preguntar cómo es el proceso del tejar; sonriente y muy amable respondía. Otros miraban a lo lejos y algunos se detenían brevemente a felicitarla por su trabajo.
“Tejer es… es todo. Es lo que yo quiero hacer, es lo que me hace feliz. Porque en el telar se puede hacer lo que sea, un morralito, un camino de mesa, fajillas, y se puede adaptar este tejido a otras prendas, lo que ustedes quieran. En el telar se puede hacer un rebozo, el jorongo, la mañanita, y ahí se hacen otras cosas, como las colchas. También hay otro telar más chiquito, que es para hacer cosas pequeñas que se requieran”.
El tejido se realiza con imágenes que Anita realiza sin necesidad de seguir un patrón. “Todo es de memoria y al ojo. Sí quiero puedo poner arriba del telar alguna imagen que me guste, pero en realidad todo va saliendo de mi mente. Por ejemplo, aquí estoy poniendo un pajarito con sus ramitas, aquí van sus patitas, acá su cabeza y su pico y más acá van sus alas. Va a quedar muy lindo”.
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¿Es como pintar? “Exacto, es como pintar, pero con hilos”.
El participar en la Noche de Museos, Anita lo hace con el interés de que las personas conozcan su trabajo y si quisieran aprender, “adelante, inténtelo, todos pueden aprender, todo depende de una capacidad y de su paciencia, porque sí requiere de paciencia este trabajo, pero sí pueden aprender”.
El trabajo del telar de cintura explica Anita que es muy antiguo, “así es como los de antes se hacían sus morralitos o sus cosas, hasta en las películas se ve cuando estaban tejiendo, por eso debemos seguir tejiendo”, comparte.
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