“La pesadilla que vivió la familia que sufrió una desaparición forzada, tuvo un final feliz…” dijo la conductora a cargo del noticiero matutino de Televisa. Definiendo como final feliz el haberlos encontrado con vida.

A lo largo de la historia y la ficción notamos que los finales felices corresponden a personajes con características específicas: belleza, color de piel, raza y dinero. Excluyendo de la felicidad utópica a todos aquellos que no posean por lo menos una de estas “cualidades”.

En México hemos sido testigos de cómo el gobierno federal, los gobiernos estatales, policías, fuerzas armadas y hasta el crimen organizado son capaces de coordinarse y trabajar de manera conjunta y fructífera cuando uno de estos personajes privilegiados está en peligro. En el sexenio de Peña Nieto fuimos testigos del caso Paulette, que se volvió mediático porque incluía a una familia con poder adquisitivo que vivía en Interlomas. “Los niños mueven”, dijo alguna vez Alfredo del Mazo, quien ahora es gobernador del Estado de México y que en ese entonces fungía como alcalde. En menos de 24 horas, la CDMX estaba cubierta por espectaculares con la foto de la niña y en la tv sólo se hablaba de su desaparición. ¿Cuáles habrán sido las verdaderas razones para actuar de forma escandalosa y presurosa?

¿La predilección por determinados cánones estéticos es un fenómeno cultural? La respuesta inmediata es que no sólo es cultural sino también económico, pero la realidad es que la biología nos empuja a tener este tipo de predilecciones, nos guste o no, el ser humano evalúa a otros en función de su apariencia física, todos sucumben ante la belleza. Se brinda mejor trato a la gente atractiva, se hace todo por complacerla, hacerla sentir a gusto, y pese a que nos cuesta definir qué es la belleza, todos lo tenemos claro al ver una cara bonita.

¿Qué hay en nuestra naturaleza que nos hace sensibles a la belleza? “La belleza es un instinto básico, un producto de la evolución”, asegura la psicóloga de la Universidad de Harvard, Nancy Etcoff. Aunque es un argumento polémico hay numerosos estudios que parecen demostrar que las preferencias por la belleza nos vienen de serie; como si el cerebro ya estuviera preprogramado para buscar determinadas características que todos, inconscientemente, encontramos deseables. Para demostrarlo Nancy Etcoff recogió fotografías de caras de individuos de diferentes culturas y se las enseñó a un grupo de adultos, que las puntuaron en función de su atractivo. Luego mostró esas fotos a bebés de entre tres y seis meses. Estos miraron significativamente más a las caras que los adultos habían valorado como más atractivas. Eso sugería que los bebés, además de tener detectores de belleza innatos, compartían los gustos por los mismos rasgos de belleza. Todo esto tiene un fin: la supervivencia.

Nos sentimos atraídos por la piel suave y tersa, por el pelo brillante, por la simetría, por las curvas en la cadera, por una espalda ancha que no son otra cosa para las especies de Homo del pleistoceno que características que denotan buena salud, porque a lo largo de la evolución de quienes se percataban de esos signos y se apareaban con sus portadores, tenían más éxito de reproducción. Es curioso cómo preservamos este método de selección, al que hoy se le llama “Efecto Halo” y es utilizado en la industria del diseño, la moda, el cine y en las esferas de poder mediante campañas de publicidad.

Retomando el caso de la familia encontrada esta semana, pareciera repetirse el patrón mediático de la atención. La familia declara ser de trabajo, que no entienden de dónde sacaron los secuestradores que tenían dinero, nadie merece ser privado de su libertad, pero hay algo en ella que mueve a las autoridades para poder ser rescatada sin daños y que otras familias, otras mujeres, otros niños, otros hombres, no tienen la “suerte” de poder serlo ¿Por qué? Tal vez en este caso además del factor “familia que merece un final feliz”, recordemos que estamos en tiempos de campaña y que un secuestro que se viralizó en las redes sociales, no le conviene a ningún partido político. Así que todas las fuerzas que controlan nuestro destino como mexicanos se unieron para darle una pronta solución como prueba de que son capaces de resolver este tipo de situaciones, pero sólo si se trata del perfil que merece tener un “final feliz”.

La familia Villaseñor declaró que sus secuestradores forman parte de una red organizada y profesional: “…hay muchísima gente involucrada y muchísima gente más retenida”. Pese a ello, tanto los medios como las redes sociales, las autoridades ya se ocuparon de otro caso, de otra noticia. Cuestionamos a la autoridad acerca de sus “elecciones” sobre quién merece ser salvado y quién no.

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