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Si las paredes del MAQRO hablaran

A lo largo de tres décadas el museo ha contado con la dirección de incansables y creativas mentes: Margarita Magdaleno, Araceli Ardón y Marcela Herbert, quienes comparten su sentir al admirar y volver a pisar su magnífica arquitectura
A lo largo de tres décadas el museo ha contado con la dirección de incansables y creativas mentes
Fotos: Román Castillo y Archivo El Universal
21/09/2018
07:20
Redacción Querétaro
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Desde Tamayo hasta el sol

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Margarita Magdaleno

Contar todas las anécdotas memorables del Museo de Arte de Querétaro en 11 años que tuve la honrosa y por demás maravillosa obligación de dirigirlo, será motivo, tal vez, de escribir un libro de memorias que sirva a quienes lo deseen para conocer los hechos, aprender, divertirse y crecer con la vida de uno de los espacios culturales más bellos e importantes de México.

Sus anécdotas pueden contarse por docenas en la opinión de cada uno de los directores y personal en general, que hemos pasado por ahí. Las hay de todos los calados y trascendencias. Esta vez quiero hablar de la liga que se dio entre el cielo, la Tierra, los humanos y el más singular espacio barroco que existe en México: El ex convento de San Agustín de Querétaro, desde hace 30 años convertido en espléndido Museo de Arte.

La fecha específica es el 11 de julio de 1991, misma en la que fuimos testigos los mexicanos de un eclipse total de sol. La expectación reinante era inevitable. Pasar de noche un rato del día no es frecuente. Para poder observarlo colocamos una televisión para que, principalmente el personal del Museo, pudiera verlo y disfrutarlo. 

Cuando el sol fue quedando oculto solamente había un visitante norteamericano que se aposentó en el patio para observar con calma, junto con todo el personal que habíamos salido a los pasillos que rodean el claustro con todas las columnas estípite, que como en un acto de magia tenían una “vida” diferente, los volúmenes acentuaron la expresión de los rostros, las hojas esculpidas parecían temblar ante el clima y la luz matizada… era sobrecogedor, fuerte casi enloquecedor al grado que nuestro visitante empezó a echar maromas en torno a la fuente y nosotros, todo el personal, reconocíamos y nos llenábamos con la grandeza de esa obra realizada por los hombres, pero inspirada y vigilada por Dios.

El gran Rufino Tamayo dijo que ese claustro era único en el mundo, por su concepción espacial y la mano que lo construyó; pero sobre todo porque la magia de la luz se hizo presente como un milagro entre lo divino y lo humano. Ningún lugar mejor para consentir al arte. 


 

MAQRO: una historia personal

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Araceli Ardón

Fray Nicolás Navarrete menciona en su “Historia de la Provincia Agustiniana de San Nicolás de Tolentino de Michoacán” a Fray Felipe de Urbiola, nacido en Querétaro, “quien pertenecía a una familia de hacendados prósperos”, hijo de don Pedro de Urbiola, procedente de Navarra. Fray Felipe, administrador de la Orden, participó en la construcción del convento de San Agustín, y a partir de la muerte de Fray Luis Martínez Lucio, se hizo cargo de la edificación. 

Mi madre pertenece a la familia que desciende de don Pedro de Urbiola. Este es el lazo más antiguo que me une al Museo de Arte de Querétaro. Cuando era niña depositaba cartas en los buzones de Correos. En mi adolescencia, cuando iba a las oficinas de Hacienda, me estremecía constatar el deterioro del edificio.
Por fortuna, el claustro volvió a ser espacio para el análisis del pensamiento, misión a la que fue asignado por los agustinos al establecer su casa de estudios mayores de arte y filosofía. Su patio volvió a brillar con esplendor; la filosofía del obispo de Hipona puede leerse en los relieves de cantera que sintetizan el libro “La ciudad de Dios”, tratado teológico de la Edad Media.

La arquitecta Margarita Magdaleno, su primera directora, reunió a un grupo de amantes del arte para conformar la asociación civil Amigos del Museo de Arte de Querétaro, al inicio de 1989. Trabajamos con ahínco para convocar a estudiantes, profesores y padres de familia a las exposiciones, recorridos y cursos. Reunimos fondos para equipo y mobiliario, recibimos a los artistas de las primeras exposiciones.

Tuve el privilegio de presidir por cinco años la Sociedad de Amigos. Conocí la historia del edificio y la procedencia de las colecciones. Me enamoré del museo, de los niños que recorren sus salas comprendiendo la función de las artes como parte del quehacer humano, y abren su corazón a las emociones que fluyen de la contemplación, tanto desde el punto de vista sensorial como del intelectual.

En enero de 1999, fui invitada por el gobernador Ignacio Loyola a dirigir el MAQRO. Con su equipo humano, personas con entrega y devoción, gestionamos alrededor de doscientas exposiciones y fundamos el Voluntariado Docente, el organismo más activo, dedicado y profesional de esta índole en el estado de Querétaro. Disfruté cada minuto de esos ocho años.

Muchas personas trabajaron a lo largo de tres décadas en este espacio. Sus aportaciones fueron fundamentales para el éxito de los proyectos. Su recuerdo ilumina la historia y las celdas convertidas en salas de exposición.


 

Querétaro: espacios, ex conventos, nuevas propuestas

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Marcela Herbert

A  través de ocho años y siete meses de laborar como directora en el Museo de Arte de Querétaro, y orgullosa de haber trabajado en colaboración con grandes personas que laboran en el Museo, puedo mencionar algunas de las diversas propuestas y proyectos que se concretaron durante mi gestión: la accesibilidad del espacio para personas con alguna discapacidad, con la instalación de dos elevadores especializados; el equipamiento de la bodega con un moderno sistema de rieles y racks para que las obras de la Colección de Donadores y otras, pudieran resguardarse de mejor manera. Se logró la incorporación de cerca de 50 obras nuevas para la Colección de Donadores. Se publicó un libro especial en el que se narra la historia y la vida del Museo, así como un catálogo de la misma colección. Se instaló iluminación aérea en todas las salas de exhibición, así como algunos aires acondicionados para la preservación de las obras, y se pintaron los pasillos y salas para mejorar la presentación del inmueble y el ambiente de sus visitantes.

Asimismo, se realizó un proyecto de reubicación de la bodega de mantenimiento y se creó un espacio para los talleres de Servicios Educativos. Se remodeló un pequeño comedor para el personal del Museo, y se remozaron los baños en planta baja. Se promovió un cambio en la presidencia de la Asociación de Amigos del Museo, la cual organizó varios eventos en beneficio de la institución, y adquirió algunas bancas para los visitantes, con un diseño moderno, pero a la vez coherente con el espacio, y siendo funcionales. 

Este tiempo de apoyar a la Cultura y promover exposiciones fue una experiencia increíble, en el que  conocí a grandes artistas y pintores importantes a nivel nacional de quienes pudimos presentar sus obras y manifestaciones plásticas, como Javier Marín y Jorge Marín, Arturo Rivera, Alfonso Mena, Vicente Rojo, Manuel Felguérez, así como una gran cantidad de artistas de otras latitudes y nacionalidades. Todo ello  con el fin de que el ciudadano queretano conociera otras tendencias artísticas, y que el turista nacional y extranjero disfrutara de exposiciones de gran calidad y conociera también el talento queretano.

El Museo de Arte de Querétaro, MAQRO, es un espacio emblemático de nuestro estado, una joya del Barroco que seguirá estando presente en la historia de Querétaro.

Artículo
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