yanet.aguilar@eluniversal.com.mx
Ante la ciudad de México, Héctor de Mauleón se define como un turista urbano; es uno de los integrantes vivos de esa estirpe de cronistas comandados por Manuel Payno, Guillermo Prieto y José María Marroqui. Es también “un provinciano del siglo XX” que mira con ojos azorados los paisajes del siglo XXI; un escritor que ha contenido un gran puñado de historias de la capital mexicana en el libro titulado La ciudad que nos inventa. Crónicas de seis siglos.

Aquel niño que apuraba el paso para seguir el ritmo de las historias que le contaba su abuelo sobre los edificios derruidos y las plazas desaparecidas, fue el mismo que atestiguó esas ciudades que emergían con las excavaciones del Metro que construyeron sobre la calzada México-Tacuba.

Fue allí donde comenzó su fascinación por esta ciudad de seis siglos que ha querido contener a través de las historias urbanas que tienen como punto de arranque la mirada al pasado desde el presente.

“Creo que es el primer libro que gozo enteramente, que no hay asomo de angustia; lo escribí de una manera muy despreocupada y muy gozosa por el tema, por la materia, por la cantidad de datos perdidos que fueron apareciendo”, señala el escritor y cronista nacido en la ciudad de México, en 1963.

El también colaborador de EL UNIVERSAL, que publica desde hace cuatro años la columna titulada En tercera persona, acepta que le gustaría que este libro fuera una cartografía para caminar y conocer esta “ciudad de ciudades”.

“La ciudad es fragmentaria, uno se pierde en una ciudad como se pierde en un bosque; existe como la vas encontrando, como te va saliendo al paso, eso me fue pasando recorriendo el Centro Histórico y eso es lo que quise transmitir”, comenta.

En los diez libros que ha escrito Héctor de Mauleón, entre crónicas, relatos, antologías y una novela, la ciudad de México es la gran protagonista, pero en este libro publicado por Cal y Arena hay un deseo de contar los enigmas, sucesos, personajes e historias que están contenidas en seis siglos.

Organizado de manera cronológica, el libro La ciudad que nos inventa. Crónicas de seis siglos. comienza con El cuento de espantos más antiguo, que data de 1504, y concluye con Un provinciano en Reforma, una historia de cuánto ha cambiado esta urbe  hasta llegar a 2014.

“Fui encontrando enigmas, cosas que eran muy sugerentes. Me fui dando cuenta que es cierto lo que dice Calvino: las ciudades no te cuentan su historia, no te la dicen, pero la contienen, eso te obliga a hacer un ejercicio de interrogar a la ciudad. La ciudad se vuelve como una esfinge, tú vas haciendo las preguntas y te van apareciendo las respuestas”, asegura De Mauelón, autor de libros como La perfecta espiral y Como nada en el mundo.

De esas preguntas abiertas, Héctor de Mauleón extrajo mucha información que fue almacenando, no sólo a partir de varios relatos, sino también una cantidad infinita de datos dispersos en muchos libros:“Hay datos en libros del siglo XVII, hasta crónicas del siglo XX que estaban desperdigadas; entonces una parte de ese trabajo era comenzar a unir esa información para ver qué daba” y lo que dio fueron carpetas, una por calle, con información de libros, relatos de cronistas de distintos siglos, muchos de ellos olvidados o no reeditados.
Héctor de Mau león dice que desde que José María Marroqui, a finales del siglo XIX, hizo el gran esfuerzo de contar la ciudad calle por calle, no se había sistematizado la información sobre la capital mexicana.

“Llevamos un siglo con información fragmentaria y dispersa a pesar de que muchos cronistas se entregaron a esa tarea, entre ellos González Obregón y Artemio de Valle-Arizpe, pero ellos mismos refieren crónicas de autores que ya no están disponibles o están olvidados o perdidos”.

El libro rinde homenaje a una ciudad, pero también a sus cronistas, a los que han dedicado la vida a contar la historia de esta ciudad; allí están los grandes maestros, José María Marroqui, que es fundamental; Salvador Novo, que es imprescindible “porque la prosa y la penetración de Novo es muy esclarecedora y muy envidiable”; está Monsiváis “con esta mirada totalizadora que es un modelo a seguir”; y qué decir de José Joaquín Blanco.
“Me gustan muchos. A Payno lo adoro, es como el escritor que me enseñó la ciudad de México y que me hizo quererla; y luego comencé a seguir muy anárquicamente a Ángel de Campo, del que hice una antología de su trabajo de cronista; me gusta Gutiérrez Nájera, muchas cosas de Urbina, de Tablada y de Nervo, es como hablar de una familia porque hicieron cosas que me emocionan, que disfruto enormemente aunque quedaron enterradas en periódicos del siglo XIX, tal vez ni ellos se dieron cuenta de lo que hicieron”, asegura Héctor de Mauleón.

El libro La ciudad que nos inventa. Crónicas de seis siglos, donde lo mismo se relata la cara oculta de Palacio Nacional, el crimen de Henry Riley, la historia del árbol que trajo Maximiliano y los últimos días de Prieto,  también da cuenta de las primeras fotos de la ciudad, la leyenda de los túneles secretos;  habla del santo de los sucuestrados, de la calavera de Hernán Cortés, de la ciudad y los gays y los 200 años de la Catedral Metropolitana.

Todo fue una inmersión por las diversas capas que tiene la ciudad de México.

“Bajé al subsuelo, subí a las cúpulas de las iglesias, fui de arriba a abajo. Es un libro hecho como querían los cronistas que yo admiro: Prieto y Payno, hacer crónica empolvándose los zapatos; este es un libro que está hecho con el polvo de las calles”, concluye el escritor mexicano.

Google News

TEMAS RELACIONADOS