En los días pasados se suscitó una reunión entre los presidentes de México, Andrés Manuel López Obrador, y de Estados Unidos de América (EUA), Joe Biden. Si bien el encuentro mostró una cara de amistad al globo, es evidente un retorno a la realidad por múltiples cuestiones. ¿Qué apuntes se pueden ofrecer al respecto?

La reunión efectuada en la Casa Blanca entre Biden y López Obrador significó el siguiente alto encuentro de gobiernos tras la Cumbre de las Américas, evento al que el canciller Marcelo Ebrard asistió sustituyendo al presidente de México. Por lo tanto, representa el primer diálogo frente a frente entre mandatarios tras la solicitud poco diplomática del tabasqueño para incluir en dicho evento a tres países de dudosa legitimidad política, democrática e incluso moral, aprovechando que hoy en día el término está en boga.

Es claro que Biden no iba a renunciar a los principios de Washington para invitar a Cuba, Nicaragua y Venezuela y así complacer a su vecino del sur, pero, aun así, el movimiento de López Obrador tenía múltiples consecuencias para la política doméstica estadounidense. De ahí que la reunión de hace unos días entre ambos mandatarios haya sido atractiva para identificar las secuelas de la decisión del presidente mexicano.

A pesar de eso, hubo áreas de entendimiento para la cooperación, por ejemplo, en el T-MEC. En éste, ambos mandatarios se comprometieron a colaborar con los sectores privados, pero también con la sociedad civil organizada, algo que interesa mucho a Washington para mejorar las prácticas de sistemas democráticos. Resulta interesante cómo va a atender este rubro el gobierno de López Obrador, puesto que desde el inicio de su administración ha insistido en desacreditar la labor y misión social de la sociedad civil. Por ello surgen preguntas: ¿qué le hizo cambiar de idea?, y, ¿realmente habrá apoyo para las organizaciones de la sociedad civil?

De la misma manera, una conversación ineludible fue la migración. Es un tema que preocupa a los dos países, aunque quizá más a EUA, que suele ser el destino de las personas migrantes que atraviesan México. En tal contexto, la trágica situación del contrabando de migrantes ha mostrado nuevamente sus colores en momentos recientes, como lo evidenció la muerte de más de dos docenas de personas migrantes en Texas hace poco más de tres semanas.

De ahí que se haya acordado reforzar la colaboración entre ambos gobiernos para mitigar los males que se desprenden particularmente de la migración silenciosa. Aunque, ciertamente, la preocupación mayor viene de Washington, puesto que un aminoramiento de la “crisis migratoria” traería mayor tranquilidad a la población estadounidense, y así el gobierno de Biden gozaría de mayor aprobación. Esta situación es crucial para las aspiraciones de los demócratas de encontrarse en buena posición para las elecciones intermedias, por ende, el beneficio inmediato es para EUA.

La reunión entre mandatarios se efectuó trayéndonos a todos de regreso a la realidad. López Obrador quiso verse como el líder de los países latinoamericanos contra el “yanquismo” de cara a la Cumbre de las Américas, pero en la Casa Blanca, ya en el uno a uno, la figura se achicó. Incluso en el lenguaje corporal se pudo apreciar. Es importante la colaboración, pero no es secreto que quien impone la agenda para la cooperación suele ser uno en esta dinámica.

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