Disminución del estrés, dejarse de preocupar por cosas intrascendentes y una vida más relajada son los privilegios de envejecer, de acuerdo con la doctora Mónica López Hidalgo, maestra de Neurociencias en la ENES Juriquilla, quien estudia el envejecimiento en los seres humanos.
Señala que lo primero que se tiene que hacer es cambiar el concepto que se tiene del envejecimiento, que es algo natural, algo que es parte de la vida, y se puede tomar de una forma relajada, sin presiones, o se puede caer en la depresión por la pérdida de la pareja, la familia o la salud.
“No siempre el envejecimiento nos lleva hacia abajo. Siempre pensamos que nos duelen las rodillas, antes podíamos comer tacos en la noche. Hay muchas cosas que cambian en el cuerpo, pero en realidad el sistema se va adaptando. Al mismo tiempo que hay funciones que disminuyen, hay otras que aumentan.
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“Hay papers [textos científicos] que dicen que somos mucho más felices entre los 50 años, los 60 y más que antes, porque algo que es claro es que disminuyen los niveles de estrés. Nos dejamos de preocupar de cosas que antes nos parecían relevantes cuando se es adolescente o joven, cuando uno quiere tener éxito.
“En realidad, este reacomodo del cerebro nos permite ver las cosas que realmente son importantes, nos volvemos más simples y al mismo tiempo valoramos más las cosas”.
La especialista explica que el análisis desde las Neurociencias brinda una mirada agradable acerca del envejecimiento, que es un regalo de la naturaleza, de vivir tantos años, de poder experimentar ese cambio.
“A veces estamos tan cerrados a los cambios, pero en estos cambios hay cosas que no se pueden hacer, pero hay cosas que se pueden hacer”.
En la cosmovisión occidental, la gente se preocupa por la belleza, el ejercicio, los tratamientos antiedad para retrasar el envejecimiento, para engañar al tiempo, algo que se contrapone con otras visiones del envejecimiento.
“Es una cosmovisión occidental, no es una cosmovisión oriental. Es una visión que hasta en términos neuroeconómicos conviene, porque nos van metiendo una idea de que tenemos una deficiencia, de que estamos yendo hacia un lugar malo, y como nosotros tratamos de cuidarnos, tratamos de evitar ir a ese lugar malo.
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“Es malo en el sentido que lo vemos en nosotros, pero también en cómo empezamos a ver a los nuestros. No es algo de nuestros indígenas, porque ellos tenían un valor particular hacia los mayores que son los sabios. En muchas culturas sí, pero en los mexicanos que tenemos esta fusión española e indígena la concepción del envejecimiento es negativa y eso disminuye nuestra capacidad de ser felices”, precisa.
López Hidalgo explica que el cerebro se ajusta para ser más feliz con la edad, pero es la cultura la que no permite disfrutar de esta etapa de la vida, porque en otros lugares donde la cultura es diferente ser viejo es importante. La concepción de la felicidad es diferente.
Envejecer es parte natural de la vida y no sólo no se acepta en lo personal, pues se quiere que “el de enfrente” tampoco lo haga.
“Cuando nuestros padres comienzan a necesitar cuidados no estamos acostumbrados como cultura a hacerlo. Es en parte porque no comprendemos el proceso. He trabajado con cuidadores que están cuidando a sus papás y dicen que su mamá no quiere caminar, o no quiere salir de la casa o no se quiere bañar. Atribuimos eso a la voluntad. En la visión de las Neurociencias, la voluntad es parte del cerebro. Cuando envejecemos cambia el cerebro. ¿Por qué esperamos que la persona que envejece no cambie? ¿Por qué esperamos que tenga la misma voluntad, la misma energía, las mismas ganas de salir?”, abunda.
Explica que trabaja con ratas y los especímenes viejos no se acicalan como los jóvenes, o se acicalan diferente y por menos tiempo. Añade que la tolerancia hacia lo diferente es más aceptada en los niños, quienes tienen diferentes tiempos para hacer las cosas. Algo similar pasa en los adultos mayores. Pero así como el niño está creciendo y desarrollando su cerebro, el adulto también está cambiando su cerebro. Como tal, hay que ser compasivo y comprender que en esos cambios será otra persona.
“No es que nos quieran molestar, (...) que no quieran hacer cosas, (...) que nos quieran hacer mal, es que su cerebro no está capacitado para eso (...) Su cerebro está priorizando otras cosas, y creo que podemos desarrollar una mayor compasión basados en la ciencia”.
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Explica que en el desarrollo infantil la corteza prefrontal del cerebro es la última en desarrollarse. Justamente esta parte es la primera en presentar “fallos” con los años. Esta parte del cerebro sirve para hacer juicios, razonamientos y decisiones sociales, lo que provoca que con el paso de los años se “quiten los filtros”, y los adultos mayores sean más directos o hablen sin pudor.
Si las personas entendieran que esto es natural, parte del envejecimiento, lo aceptarían con más facilidad, dice.