Miles de peregrinas salen del templo de la Congregación rumbo a la Basílica de Guadalupe. Es un viaje de ocho días hasta llegar a la Ciudad de México, donde agradecerán a La Virgen morena por recobrar la salud de su hija Maritza, quien padeció una seria enfermedad que hacía más pequeños sus riñones; y ya sin esperanza, a punto de ser dializada, a Concepción, La Virgen te concedió el milagro.

Por eso prometió volver cada año a visitarla, todas las veces que su salud se lo permita. Esta es su peregrinación número 13, cada año le cuesta más trabajo recorrer los 218 kilómetros de trayecto desde el centro de Querétaro hasta el Santuario; pero cada paso, cada hora de camino bajo el sol, todos los calambres en las piernas, esa sed desesperada, y cada noche durmiendo a la orilla de la carretera, todo vale la pena.

“Esto es algo que no lo entiende quien no lo vive, es un trayecto de fe, de pasión, cada día que tardo en llegar hasta la virgen vale la pena. La Virgen de Guadalupe me concedió un milagro con mi hija que tenía una enfermedad muy rara, era algo malo que tenía en sus riñones, mi niña tenía 15 años y estaba a punto de ser dializada, pero La Virgen la sanó y cada año vuelvo para agradecerle, le juré que cada año volvería, siempre que Dios me de licencia.

“Llevo 13 años participando en la peregrinación de mujeres, pero desde hace cinco años lo hago para pagar mi manda con La Virgen, antes lo hacía por gusto, por tradición familiar, pero ahora lo hago con un fervor mayor, porque viví algo maravilloso, presencié el milagro con mi hija”.

Son las 3:45 horas, es de las primeras en llegar a la parroquia, donde el obispo Faustino Armendáriz Jiménez te da la bendición junto con otras mil peregrinas que comienzan el recorrido desde el centro de la ciudad. Todas se hacen llamar hermanas.

Forma parte de uno de los más de 100 grupos que participan en la peregrinación, las mujeres son divididas en secciones dependiendo de la colonia o comunidad de la que provienen. Es María Concepción Araujo Moreno, vive en la colonia Los Pinos.

El arzobispo les da la bendición, las invita a avanzar con fe y alegría en el alma. Durante la homilía, algunas mujeres prefieren dormir, se recuestan en el piso, se cubren el rostro con sus sombreros o paliacates, la mañana comienza a refrescar, el termómetro marca 16 grados.

“Que Dios nos cuide”, dices en voz baja mientras se persignas y recogen su mochila de viaje. Faustino sale de la iglesia con el santísimo entre las manos. Encabeza el recorrido usando zapatos y pantalón de vestir, avanza junto con algunas personalidades de la política local, entre ellas, Elsa Méndez, quien será diputada local por el Distrito 6.

Te preguntas qué se necesita para caminar al frente de la columna. ¿No están todas las mujeres divididas por secciones? ¿No es un acto espiritual en el que no importan las clases sociales? ¿Por qué una mujer igual que tú avanza en primera fila, marcando el paso a las demás, rodeada de autoridades de la iglesia y reporteros? No importa, concluyes.

La ciudad duerme, pero sus cantos resuenan entre las calles de cantera: “Voy a pintar las paredes con tu nombre, Señor, para decirte que te quiero de verdad”, esa es la mejor forma de mantener las energías, junto con tus hermanitas cantas, bailas y rezas el rosario.

Tradición de mujer

La columna de mujeres avanza sobre las principales calles de la ciudad, sobresalen los estandartes con la imagen de La Virgen de Guadalupe.

Sin excepción, cada mujer usa falda larga, casi siempre con colores llamativos que recuerdan a los pueblos indígenas de México; debajo de la falda todas usan mallas o pantalones de mezclilla, además de unos buenos tenis deportivos. “Aquí no se permiten mujeres sin falda, es la tradición venir vestida de esta manera, es lo que nos diferencia de la peregrinación de los hombres”, comenta a uno de los reporteros.

Siguen recorriendo la ciudad hasta salir a carretera. En el recorrido las acompaña personal de Protección Civil y de la Policía Estatal y municipal. Después de tres horas de trayecto llegan al enorme monumento del Conín, miran hacia atrás, y el final de la columna humana parece interminable, tampoco alcanzan a ver el comienzo. Al menos 2 mil peregrinas más se han unido al trayecto, entre todas son más de tres mil mujeres.

A unos pasos de la ermita La Noria, aparecen, como salidos de las piedras, decenas de vendedores ambulantes; algunos ofrecen tamales y atole, otros venden tortas, cereal, frutas o agua natural; también venden sombreros, paliacates, rebozos, mochilas, lámparas, bolsas morrales, plantillas y agujetas para tenis.

Las organizadoras les indican que pueden descansar, y sin pensarlo dos veces sacan de su mochila un pedazo de hule que utilizarán como tapete; lo mismo hacen las hermanas peregrinas. Se tiran al piso, algunas se acuestan boca arriba para descansar la espalda, otras aprovechan para comer algo, son las ocho de la mañana y no se puede avanzar con el estómago vacío.

Una serie de baños públicos son instalados a un costado de la carretera, pero no son suficientes, por eso muchas mujeres hacen sus necesidades a la intemperie, buscan en vano un poco de privacidad, aunque en realidad a nadie le importa, es parte del día a día.

En esta centenaria peregrinación participan mujeres de todas las edades; desde niñas, adolescentes y jóvenes, hasta mujeres adultas y de la tercera edad, algunas avanzan con sus hijos en carreolas. Las madres más jóvenes dan masajes en los pies de sus niños que tienen entre 5 y 6 años de edad.

Tú viajas sola, por eso aprovechas el receso para cambiar las plantillas de tus tenis, no hay calzado que resista más de 200 kilómetros de camino. Sentada sobre el pavimento, miras los autos pasar a toda velocidad, te repites que debes permanecer cerca del grupo, es una regla básica de supervivencia.

“Siempre ocurre algún tipo de accidente cuando vamos en la carretera, por eso debemos permanecer juntas, es una de las reglas básicas cuando vienes a la peregrinación, debes estar dentro de las columnas, por suerte siempre estamos acompañadas de los policías, ellos van cuidando que los carros nos dejen pasar”.

Seguir adelante

Los 60 minutos de descanso se terminan en un abrir y cerrar de ojos, el descanso sólo sirve para enfriar los musculos y hacer del recorrido un verdadero calvario, aunque no para todas. María Alemán, la todavía diputada local avanzó gran parte del recorrido en una camioneta Van. Quién fuera ella, piensas, es una peregrinar fresca y descansada sobre la carretera. En este punto tampoco hay señales del obispo.

Tú y tus hermanas se vuelven a poner de pie, el siguiente descanso será dentro de hora y media, en la comunidad de El Colorado, municipio de El Marqués, donde Faustino Armendáriz oficiará la misa.

Una cuadrilla de aproximadamente 20 personas avanza al final de la columna humana, cada persona usa chalecos naranjas, deben recoger la basura que inevitablemente deja rastro en cada peregrinación; hojas de tamal, vasos desechables, botellas de plástico, e incluso algunos pañales.

Ya en El Colorado, escuchas el evangelio bajo el sol, sentada sobre un banco plegable; a las 11 de la mañana el sol es casi insoportable y tu pequeño paraguas parece insuficiente para protegerte de las inclemencias del tiempo.

Nuevamente el obispo te invita a seguir avanzando, a soportar la siguiente semana de peregrinaje; buscas en tus adentros y lo que encuentras es el rostro de Maritza, tu hija, no hay fuerza más potente que el amor, nada te detiene.

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