El Índice de Competitividad Urbana 2026, publicado el día de ayer por el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) ofrece una fotografía interesante sobre cómo están evolucionando las ciudades mexicanas y cuáles son los factores que realmente determinan su capacidad para generar bienestar en el largo plazo.
Querétaro vuelve a aparecer liderando prácticamente todos los indicadores. La zona metropolitana encabeza el grupo de ciudades con más de un millón de habitantes, una categoría particularmente relevante porque concentra algunos de los mayores polos económicos del país. No es una casualidad. Tampoco es producto de un solo gobierno o de una sola decisión pública. Es el resultado de varias décadas de construcción institucional, atracción de inversión, desarrollo industrial y participación ciudadana.
Los números ayudan a entenderlo. Querétaro combina crecimiento económico, altos niveles de escolaridad, una economía diversificada, baja informalidad laboral y una de las mayores capacidades de generación de ingresos propios entre los gobiernos locales del país. A ello se suma un ecosistema de innovación que comienza a consolidarse y un desarrollo urbano que, al menos en comparación con otras ciudades mexicanas, muestra señales de mayor densidad y aprovechamiento del territorio.
Pero quizá lo más interesante del informe no es que Querétaro aparezca en los primeros lugares. Lo verdaderamente relevante es entender por qué.
Durante mucho tiempo se pensó que la competitividad era simplemente una consecuencia de la actividad económica. Más empresas, más inversión y más empleo. El reporte del IMCO vuelve a demostrar que la realidad es bastante más compleja. Las ciudades competitivas no solo producen riqueza. También construyen instituciones capaces de sostenerla.
La competitividad moderna tiene menos que ver con parques industriales y más con la capacidad de resolver problemas urbanos. Tiene que ver con la seguridad, con la movilidad, con la disponibilidad de agua, con la calidad de los servicios públicos, con la transparencia gubernamental y con la posibilidad de que una persona quiera vivir, estudiar, emprender o formar una familia en determinado lugar.
El informe también deja ver otra realidad, no existe una fórmula única para el éxito urbano. Algunas ciudades destacan por su infraestructura, otras por su dinamismo económico, otras por sus niveles educativos o por la calidad de sus instituciones. Pero todas enfrentan límites cuando alguno de esos componentes se deteriora de manera persistente.
En el caso de Querétaro, esos límites empiezan a ser visibles. El agua, la movilidad, el crecimiento urbano acelerado y la presión sobre los servicios públicos son temas que aparecen cada vez con más frecuencia en la conversación pública. Son precisamente ese tipo de desafíos los que determinarán si la ciudad logra consolidar su posición durante la próxima década o si comienza a perder parte de las ventajas que hoy la distinguen.
@RubenGaliciaB
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