Trabajan 12 horas diarias. Los siete días de la semana. Duermen dentro de automóviles.

Son, principalmente, mujeres que dejaron sus casas y familias en Oaxaca, Chiapas, Guerrero e Hidalgo para venir a trabajar en la construcción del Tren México-Querétaro.

La denuncia es del diputado local de Movimiento Ciudadano, Paul Ospital.

El legislador recibió testimonios de trabajadores y acudió a las obras para verificar personalmente las condiciones. Lo que encontró, asegura, fue peor.

Mujeres que trabajan de seis de la mañana a seis de la tarde. Que solamente pueden pedir un día de descanso al mes. Que pasan meses sin regresar a sus comunidades.

Una trabajadora oaxaqueña le contó que podría pasar hasta un año sin ver a sus hijos.

Someterlas a esas condiciones de trabajo forzoso violenta los derechos humanos. Es también una violación a la Ley Federal del Trabajo.

El artículo 30 establece que cuando una persona presta sus servicios a más de 100 kilómetros de su residencia habitual son aplicables disposiciones del artículo 28, entre ellas las relativas a condiciones de vivienda decorosa e higiénica.

Dormir dentro de un automóvil difícilmente encaja en esa definición.

Ospital solicitó la intervención de las autoridades laborales. La Secretaría del Trabajo estatal respondió que, al tratarse de una obra y zona federal, carece de facultades para realizar la inspección.

Ahora acudirá ante la Secretaría del Trabajo federal.

Porque la obra está a cargo del Agrupamiento de Ingenieros Militares “Felipe Ángeles”. En Querétaro, el residente responsable del Frente 12 es el coronel ingeniero constructor Rodolfo Paz Sánchez.

De acuerdo con la Cartera de Inversiones de la Secretaría de Hacienda, el costo estimado del Tren México-Querétaro pasó de los 75 mil millones de pesos anunciados originalmente a 265 mil 338 millones.

Paul Ospital calcula el incremento en 256%.

Es decir: el costo prácticamente se multiplicó por 3.5.

Cuando el avance reportado rondaba apenas 19%, el diputado ya advertía sobre el crecimiento presupuestal.

El tren es necesario. Puede transformar la movilidad entre Querétaro y el Valle de México.

Pero ninguna obra pública —por importante, estratégica o presidencial que sea— puede construirse atropellando los derechos laborales de quienes la levantan.

Mucho menos obligando a mujeres que dejaron a sus familias a soportar jornadas y condiciones extremas.

La Secretaría del Trabajo federal tiene la palabra.

Y los Ingenieros Militares, una explicación pendiente.

Construir violentando derechos humanos y laborales no es ejemplar ni digno de una institución que pierde cada vez más respeto, desde que fue convertida (por capricho de AMLO y bajo sospecha de corrupción) en constructora y administradora de trenes, refinerías, aduanas y hoteles.

@PedroPabloTR

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