Es domingo por la mañana y las calles de 110 ciudades, incluso más allá de nuestras fronteras, se comenzaron a inundar de una marea rosa. Y no porque estuviera Paquita la del Barrio en el Zócalo, o porque hubiera un evento de talla mundial, sino para insistir una y mil veces: las instituciones que cuidan nuestra democracia no se tocan. Esta marcha, más que haber estado motivada por intereses personales, estuvo motivada por una real convicción de 90 mil personas por defender su derecho al voto, defender la imparcialidad de las elecciones y defender a la entidad independiente que regula todo proceso electoral que se lleve a cabo en nuestro país.
Nunca antes se había visto una aglomeración de tantas personas, desde Nueva York hasta Mérida, desde Ciudad de México hasta Barcelona; que estuvieran unidas por una sola causa y por la democracia. No se había visto en elecciones locales, federales, marchas por otros temas, ni siquiera en finales de partidos de futbol. Quienes estuvieron al frente de las movilizaciones, que son tanto ciudadanos y ciudadanas, como exfuncionarios y personalidades como José Ramón Cossío y Alito Moreno, aseguran que la aprobación del Plan B de la Reforma Electoral propuesta por el Presidente Andrés Manuel López Obrador pone en indudable riesgo la sanidad democrática del país, así como la inminente vulneración de la independencia del Instituto Nacional Electoral.
“Terminemos de celebrar este encuentro de personas libres, comprometidas consigo mismas y con su país. Mañana, al volver a nuestras actividades ordinarias, pensemos y actuemos en la construcción de una agenda constitucional y democrática. Recordemos que la democracia requiere de demócratas y que cada uno de nosotros está llamado a serlo.
No solo hoy, sino a diario y de todas las maneras posibles. Esta enorme concentración ciudadana nos lo ha recordado y a este llamado hemos respondido ya”, mencionó Cossío. “No tenemos miedo a desplantes autoritarios que intentan callarnos. Querían que no viniéramos, pero aquí estamos. Callar nos haría cómplices de un crimen de Estado contra la democracia. De una reforma maquinada para despedazar al INE y facilitar la ruta de una dictadura electoral”, mencionó Pagés.
Evidentemente, las y los ciudadanos están cansados de una democracia de papel, de la misma historia de caudillos asesinándose entre sí por el poder, sin un órgano regulatorio de la vida democrática nacional, y sobre todo, del constante intento por vulnerar, debilitar o incluso eliminar las instituciones que están dedicadas al arbitraje de las elecciones, a darnos identidad como ciudadanos y ser un contrapeso, un límite para el ejercicio del poder. Esas instituciones que hoy arbitran los procesos costaron tanto, que la ciudadanía está aterrada. Costaron tanto que no están dispuestos ni dispuestas a perderlas o permitir que sean atacadas por reformas sin fundamento y llenas de violaciones.
























