En las últimas semanas han surgido nuevos espacios para dar a conocer el arte que, aunque pequeños en apariencia, pueden terminar siendo significativos para la construcción de una escena artística que se requiere. Porque abrir una galería no consiste únicamente en colocar obra sobre un muro. Implica apostar por los artistas, formar públicos, acercar a nuevos coleccionistas y, sobre todo, aceptar que el arte necesita circular para mantenerse vivo.

Frente a la antigua estación del ferrocarril, Víctor López, antes “La madriguera”, ha decidido destinar en lo que era su taller la primera exposición titulada: “Agave”, la cual reúne obra de artistas oaxaqueños a través de la gráfica, quienes no solamente demuestran mediante la técnica su trabajo, si no que esta es respaldada con memoria del arte mexicano sobre la historia de nuestros antepasados.

La presencia del maestro Shinzaburo Takeda durante la inauguración otorgó una dimensión especial a este encuentro. Su trayectoria está profundamente vinculada con la gráfica y con Oaxaca, territorio donde ha desarrollado una parte esencial de su labor artística y docente. Su presencia en Querétaro adquiere además particular relevancia ante el proyecto que próximamente realizará en colaboración con el Gobierno del Estado, destinado a enriquecer uno de los recintos emblemáticos de nuestra entidad.

No es extraño, entonces, encontrarlo con frecuencia por estas tierras. Hay en sus visitas algo más profundo que la presencia protocolaria de un artista reconocido: existe una aproximación a Querétaro, a sus tradiciones y a la posibilidad de establecer un diálogo entre territorios que poseen distintas maneras de entender la identidad a través del arte.

En Agave participan Víctor López, Mari Mariel, Heczar Gómez y Román Miranda. El encuentro entre ellos permite aproximarse a la gráfica desde diferentes sensibilidades y, al mismo tiempo, recordar que esta disciplina continúa siendo extraordinariamente contemporánea. El grabado posee una cualidad que pocas expresiones conservan con tanta fuerza: la capacidad de reproducirse sin perder su carácter de obra y de llegar a públicos diversos sin renunciar al rigor de su oficio.

Tal vez por eso resulta tan pertinente que la gráfica aparezca en un lugar de convivencia cotidiana. Entre conversaciones, copas y movimiento, la obra deja de esperar silenciosamente al visitante dentro de una sala y comienza a encontrarse con él.

En otro punto del Centro Histórico ocurre algo distinto, pero igualmente necesario.

En Pino Suárez abrió sus puertas Gayou, una nueva galería que inicia su actividad con una exposición pictórica colectiva. La muestra reúne a Emilio Pérez, Daniel Seis, Román Miranda y Haniel Fonseca, cuatro artistas cuyas búsquedas permiten observar distintas aproximaciones a la pintura figurativa contemporánea.

Emilio Pérez llega después de haber presentado recientemente su trabajo en el Museo de Arte. Su pintura se inscribe en una trayectoria que comienza a adquirir una presencia cada vez más reconocible dentro de la escena local.

Daniel Seis encuentra su lenguaje en una pintura de fuerte tradición figurativa. Su cercanía con la escuela de Odd Nerdrum lo coloca en un territorio donde la luz, la materia y la figura humana recuperan una dimensión casi atemporal, precisamente ahí reside parte de su fuerza como artista.

Román Miranda, quien recientemente presentó obra en la galería de Centro Cívico, participa también en esta primera exposición, mientras que Haniel Fonseca incorpora una búsqueda centrada en el retrato figurativo y en temas relacionados con la violencia.

Cuatro artistas, cuatro miradas y un espacio que brinda un espacio para que más gente conozca el trabajo de estos artistas.

En ese sentido, resulta interesante que ambos proyectos aparezcan casi inaugurados simultáneamente en Querétaro. No porque pertenezcan a una misma tendencia, sino porque revelan una necesidad compartida: crear lugares donde el arte pueda suceder.

“Gayou”, bajo la dirección de Ricardo Gayou y la curaduría de Ana Paula Vázquez, plantea además una programación bimestral y la posibilidad de establecer colaboraciones con otras galerías. Esa circulación puede ser fundamental para una escena que necesita dejar de mirarse exclusivamente hacia adentro. Los artistas queretanos requieren salir; pero también necesitamos que Querétaro reciba otras voces.

No porque una nueva galería garantice por sí misma una escena artística sólida —eso sólo lo determinarán la calidad de sus exposiciones, la constancia de su programación y su capacidad para generar comunidad—, sino porque cada espacio nuevo representa una nueva gama de posibilidades para más artistas puedan expresar su talento en estos espacios que están ávidos de abrirle las puertas a artistas que merecen ser vistos y que gracias a estos nuevos espacios, el arte no se queda quieto, al contrario sigue habiendo mucho movimiento de las artes en nuestro Querétaro lindo.

Google News