Ejerciendo liderazgo morenista -que evade la exigible neutralidad como titular del Ejecutivo-, y queriendo convencer que se trata de soberanía, con un manipulado nacionalismo -que disfraza una protección interesada del representante morenista Rubén Rocha Moya, y acompañantes-, a través de argucias (contra Maru Campos, “mentirosos”, críticos, opositores, evidencias de la elección de 2021 en Sinaloa, Lorenzo Córdova, Hernán Cortés, Isabel Díaz Ayuso, Calderón, etcétera); Sheinbaum combina afanes ideológicos y autoritarios, con su inocultable irritación: “Todas esas plumas de todos los medios de comunicación -ha dicho-, los medios, los comentócratas, los que hablan en la televisión que dice: es que la Presidenta que rompa el pacto criminal. ¿Cuál pacto criminal?”.
Pues ese acuerdo entre personas de diversos rangos políticos, militares y policiales -y otros aliados-, de colaboración y protección ilícitas -con beneficios compartidos-, que hace viable la actuación impune del crimen organizado, incluyendo -por supuesto- las variantes de corrupción y narcotráfico.
A estas alturas del sexenio -y luego del fracaso lopezobradorista de “Abrazos, no Balazos”-, resulta evidente que la pretendida superioridad moral quedó, apenas, en maniobra discursiva; que es cuestionable esta afirmación de Sheinbaum: “nosotros rompimos el pacto criminal en 2018, porque el pacto criminal se hizo en la época de Calderón” (sic); y que hay una larga lista de morenistas imputados, desde algún excandidato presidencial, pasando por secretarios de Estado, gobernadores, funcionarios y ex funcionarios, y líderes cercanos; en fin... Por ello, y la impunidad que se presume, Morena ha sido calificado como “narcopartido”.
La infiltración criminal no es sólo de Morena, también llegó a otros partidos, gobiernos e instituciones.
Sheinbaum afirmó: “Quiénes son los que ahora escriben de manera muy mentirosa, por cierto, que hay narcogobierno, que hay narcopartido? ¿Quiénes son? Las plumas del viejo régimen. Así de sencillo”. De esta forma - sencilla-, al margen de hechos, publicaciones y denuncias, el oficialismo pretende explicar este fenómeno. En lugar de reconocer y corregir, sigue el ataque a cualquier disidente.
Las referencias de la vinculación de Morena con el narco no son nuevas, se han repetido desde el demagogo de Macuspana, quien fue llamado presidente narco y narcopresidente. También se ha hablado de narcopolítico, narcoalcalde, narcogobernador, narcodiputado, narcosenador, narcosecretario, narcocandidato, narcoelecciones y narcogobierno, etc. Y, por supuesto, dentro de esto, “los intocables”.
Parte de la exasperación obedece a la creciente percepción de que la estrategia oficial -de, ahora sí, investigar, entre comillas, e intentar juzgarlos en México (menos a los que ya se entregaron en EU) con las ventajas que implica- busca encubrir; pues, más allá del discurso oficial, se menciona protección conveniente por colaboración.
Previendo el futuro, ahora incorporan nuevas estratagemas jurídicas y legislativas a modo.
























