La frase “Nunca invoques un poder que no puedas controlar”, de Yuval Noah Harari, debería estar en las mentes de las candidatas y los candidatos que en 2027 pretendan presentarse como aliados y aliadas del feminismo.

Durante años, el feminismo fue algo incómodo, una exageración más de las mujeres y una amenaza al orden conocido. Hoy políticos de todas las corrientes usan palabras como igualdad, autonomía, paridad, cuidados y no violencia. Las mujeres de la política se amarran pañuelos morados y verdes y organizan foros con mujeres expertas, activistas y víctimas. Sin embargo, la pregunta esencial sigue siendo la misma: ¿realmente entienden la fuerza que están invocando o sólo utilizan el lenguaje feminista como un medio más para ganar votos?

El feminismo no es una decoración electoral ni es un repertorio de frases para “modernizar” la imagen de un candidato. Mucho menos es una cuota que se cumple para después regresar a las andadas.

El feminismo es una crítica profunda al modo en que se distribuyen el poder, el tiempo, el dinero, la seguridad y las oportunidades. Por eso resulta tan peligroso instrumentalizarlo: porque, aunque una candidatura lo use de manera oportunista, las mujeres no olvidamos las promesas incumplidas.

En Querétaro, como en el resto del país, las elecciones de 2027 pondrán a prueba la sinceridad de quienes hoy buscan apropiarse de manera oportunista de esta causa. Pareciera que son incapaces de entender que no basta con postular mujeres. La paridad no garantiza por sí misma una transformación si las candidatas llegan condicionadas, sin presupuesto, sin libertad de decisión o rodeadas de estructuras que las obligan a obedecer. Tampoco basta con prometer una vida libre de violencia si no se fortalecen las fiscalías, los refugios, las policías, los juzgados y los servicios de atención.

El feminismo exige resultados verificables pero sobre todo demanda congruencia. No se puede hablar de igualdad mientras se tolera que los hombres sigan decidiendo por las mujeres o negocien sus derechos en privado. No se puede condenar la violencia en los discursos y permitirla en las campañas. No se puede pedir el voto de las mujeres y después considerar “no prioritarias” las políticas que hacen posible la autonomía.

El feminismo es un poder que no comprenden porque no se parece al poder tradicional. No ordena desde arriba ni depende de una sola persona. Se construye en las calles y en la memoria de quienes han luchado. El feminismo no puede ser domesticado.

Es importante recordar a las y los que buscan una candidatura en 2027 que toda promesa crea una deuda y el feminismo siempre pasa la cuenta.

Invocar el feminismo para ganar una elección es sencillo. Gobernar de acuerdo con los principios feministas es la verdadera prueba. Y si quienes hoy lo invocan no cumplen, descubrirán que el feminismo tiene memoria, organización y capacidad de respuesta.

El feminismo es el poder que nunca han podido controlar.

Google News