Luis Antonio Rangel Méndez

Querétaro ante el cambio de época

Pensadores de las grandes transformaciones de nuestro tiempo coinciden en una afirmación: no estamos viviendo solamente una época de cambios, sino un verdadero cambio de época.

No se trata únicamente de adaptarnos a nuevas tecnologías, mercados o formas de comunicación. Estamos frente a una transformación de las estructuras económicas, sociales, políticas e institucionales sobre las que hemos construido nuestra manera de vivir.

En un mundo cada vez más interconectado, complejo y cambiante, es indispensable preguntarnos cómo debemos prepararnos para no quedarnos atrás y, sobre todo, para aprovechar las oportunidades que se presentan.

Yuval Noah Harari, en su obra 21 lecciones para el siglo XXI, reflexiona sobre la incertidumbre que caracteriza nuestro futuro. Una de sus ideas es la importancia de desarrollar flexibilidad y capacidad de adaptación ante escenarios que difícilmente podemos anticipar.

Pensemos, por ejemplo, en el mercado laboral. ¿Quién puede afirmar con certeza cuáles serán las profesiones más demandadas dentro de diez años? La velocidad de la transformación tecnológica ha convertido muchos ejercicios tradicionales de prospectiva en apuestas de enorme incertidumbre.

Paradójicamente, mientras más incierto parece el futuro, más importante resulta tener claridad sobre lo que queremos construir.

La claridad exige reflexión. Supone aprender a distinguir lo esencial de lo accesorio, eliminar el ruido exterior y reconocer aquello que verdaderamente importa. No significa tener todas las respuestas, sino identificar con precisión las preguntas correctas y los objetivos que deben orientar nuestras decisiones.

Hoy contamos, además, con una ventaja extraordinaria: acceso a información, conocimiento y herramientas tecnológicas para transformar nuestras aspiraciones en realidades.

Por ello, considero que las personas, organizaciones y gobiernos que logren definir con claridad sus propósitos y construir rutas flexibles para alcanzarlos tendrán mayores posibilidades de prosperar.

Pero la claridad, por sí sola, no transforma la realidad. Se necesita capacidad de ejecución.

Alejandro Ruelas-Gossi plantea una ruta de transformación que podemos sintetizar en cuatro elementos: voluntad política, alineamiento legal, tecnología y recursos, y cultura. Este último componente es particularmente importante: ningún cambio será sostenible si no logramos modificar comportamientos, prácticas y formas de relacionarnos.

Esta reflexión adquiere una dimensión especialmente relevante cuando pensamos en nuestras instituciones públicas.

El mundo necesita un profundo rediseño institucional. Muchas de nuestras estructuras gubernamentales fueron concebidas para sociedades mucho menos complejas y dinámicas que las actuales.

Y ese rediseño debe comenzar desde lo local.

Querétaro tiene la oportunidad de convertirse en un laboratorio de innovación democrática. Como afirma Dani Rodrik, debemos atrevernos a imaginar, diseñar y poner a prueba nuevas formas de organización pública que favorezcan la colaboración, la flexibilidad y la adaptación permanente.

Podemos experimentar con gobiernos de coalición, mecanismos nuevos de participación ciudadana y esquemas de desconcentración del poder.

Instituciones que hagan indispensable el diálogo. Que incentiven la construcción de consensos, distribuyan responsabilidades y reconozcan que los grandes desafíos colectivos no pueden resolverse desde una sola visión.

Se trata de construir instituciones capaces de aprender, corregir y evolucionar junto con la sociedad a la que sirven.

Estoy convencido de que Querétaro tiene una oportunidad histórica para dar un salto hacia una democracia más moderna, colaborativa y eficaz. Una democracia que no se limite a administrar el presente, sino que sea capaz de construir colectivamente el futuro.

Nuestro estado puede volver a ser protagonista de las grandes transformaciones nacionales y contribuir a acercarnos al país que podemos y debemos ser, por el bien de nuestros hijos y de las próximas generaciones.

La tecnología está disponible. El conocimiento existe. Las oportunidades están frente a nosotros.

Lo que necesitamos para comenzar es el primero de los cuatro elementos: voluntad política.

Te recomendamos