Luis Antonio Rangel Méndez

Lo rápido y efímero vs el largo plazo y el crecimiento sostenido

Vivimos en la era de lo inmediato y del mínimo esfuerzo. Nos seducen las recompensas instantáneas, las soluciones fáciles y los productos milagro: adelgazar en una semana sin esfuerzo, aprender un idioma en un mes dedicando cinco minutos al día, o preferir la comida rápida por encima de la nutritiva. Estamos inmersos en un mundo que avanza a gran velocidad y que exige resultados cortoplacistas. Nuestro umbral de atención se ha derrumbado y, por ende, la paciencia para construir proyectos que exigen tiempo y avances pequeños es cada vez más escasa. Los estudios de comportamiento digital muestran que el tiempo que una persona dedica a pasar por una publicación en redes sociales como Instagram, Facebook o X es de apenas entre 1.5 y 7 segundos, y en esa primera fase de filtro es donde el usuario decide si continúa o se detiene. Por su puesto se privilegia aquello que inyecta una dosis exprés de dopamina y se genera entonces una dependencia a ese tipo de contenido.

Esta dinámica ha incubado una crisis profunda de pensamiento crítico, análisis riguroso y visión de largo plazo. El fenómeno permea todos los ámbitos de nuestra vida y sus efectos nocivos comienzan a superar con creces a sus ventajas.

Pero la propuesta no es dar marcha atrás. No se trata de renunciar a la tecnología, a las redes y a la velocidad que nos aporta agilidad, sino de blindar espacios y sistemas que, por diseño, deben promover la deliberación integral, pausada y de futuro.

Quienes nos dedicamos al servicio público debemos estructurar un sistema que privilegie la reflexión sin prisas; que promueva una conversación amplia, sistemática. Ante un mundo que va a toda velocidad, la responsabilidad de las instancias gubernamentales y políticas pasa por construir estos “santuarios de discusión pública”, de razonamiento y de construcción de ideas que puedan fortalecer el futuro de Querétaro. Sabemos que la urgencia de los políticos por dar resultados no les deja el espacio ideal para la reflexión de futuro. Se entiende perfectamente, pero entonces, esa actividad que exige pausa, que demanda investigación y conversación para contemplar todas las perspectivas, debería ser encomendada a otra entidad pública. Ahí radica la puntualidad de mi propuesta: un órgano constitucional técnico y autónomo que delibere “sin prisas pero sin pausas” sobre las rutas que debemos transitar como sociedad para hacer del progreso una constante en el tiempo. Se trata de que desarrollemos un ecosistema de construcción de hábitos públicos que fortalezcan la toma de decisiones. Esta iniciativa pasa por entender que no llegará un mesías queretano a resolver todos nuestros problemas. Los retos que nos presenta el siglo 21 se denominan en la academia como “adaptativos”: requieren cambios en el comportamiento (de sociedad y gobiernos) para articular vías de progreso. La mayor parte de los retos que el mundo actual nos presenta son “adaptativos” y requieren una multiplicidad de alternativas a valorar para construir, de manera colaborativa, una ruta que permita avanzar, no solucionar en definitiva.

Modificar conductas humanas es una de las tareas más complejas que existen y aplica tanto para los servidores públicos como para los ciudadanos en general. La ciencia confirma que hasta el noventa por ciento de los pacientes que sufren un paro cardíaco son incapaces de transformar sus hábitos alimenticios tras la cirugía, incluso habiendo pasado por tan dolorosa experiencia. Sin embargo, el cambio conductual es posible, y si no me creen, preguntemos a los cerca de 20,000 corredores que participarán el siguiente domingo en el Querétaro Maratón. Queretanos que han entendido el valor del cambio conductual, el valor de los hábitos y de entender que un maratón no se corre untándose pomadas mágicas. De igual manera, Querétaro debe seguir construyendo los hábitos públicos que nos permitan seguir construyendo un gran futuro.

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