Suele decirse que somos el promedio de las cinco personas con las que más convivimos. Más allá del cálculo numérico, la frase encierra una profunda verdad social: el entorno en el que nos desenvolvemos determina en gran medida la forma en que moldeamos nuestra vida. Los ecosistemas importan. Importan en la esfera personal, en la vida comunitaria, en el ámbito laboral y, de manera determinante, en el ejercicio de la función pública.
Un ecosistema no es otra cosa que una red interconectada de personas e instituciones que interactúan, colaboran y suman capacidades para alcanzar un propósito compartido. La calidad, fortaleza e integración de esa red definen la posibilidad real de alcanzar las metas planteadas. Por ello, reconocer la existencia de estas relaciones y su impacto es el primer paso para tejer alianzas más sólidas que den sustento a proyectos de largo alcance.
En el sector público aplica exactamente la misma lógica. Los resultados que logra una comunidad, un municipio o un estado dependen, en gran medida, de la consistencia de sus ecosistemas de trabajo. Los desafíos sociales actuales son complejos y dinámicos; no admiten respuestas simples ni visiones aisladas. Exigen un abordaje interdisciplinario e integral donde convengan distintas perspectivas que nutran el diagnóstico, enriquezcan la planeación y fortalezcan la ejecución de las soluciones. Cuando un ecosistema toma en cuenta a todas las partes legítimamente interesadas, las políticas públicas ganan en legitimidad y efectividad.
Aquellos estados que logran articular mejores ecosistemas son los que alcanzan mejores indicadores. Esta realidad explica, de forma clara, por qué Querétaro destaca en el contexto nacional.
Un ejemplo tangible es el ámbito de la seguridad. El primer lugar que Querétaro ha mantenido durante varios años consecutivos en el índice del World Justice Project sobre Estado de Derecho no es fruto del azar, sino consecuencia del trabajo colaborativo de su ecosistema de seguridad. A través del esquema de coordinación denominado SINERGIA, instituciones como la Fiscalía General del Estado, la Policía Estatal, las policías municipales, la Guardia Nacional y la Secretaría de la Defensa Nacional operan bajo un mismo frente. Esta articulación ha permitido realizar más de 700 cateos en lo que va del año, confirmando una premisa fundamental: a mayor operatividad coordinada, menor incidencia delictiva.
Este esfuerzo institucional se complementa con las acciones de prevención que realizan los municipios, tales como la recuperación de espacios públicos y el fortalecimiento del ecosistema educativo. Los frutos de esta labor conjunta son evidentes: la más reciente encuesta de seguridad del INEGI posiciona a la capital de Querétaro como la segunda ciudad capital con mayor percepción de seguridad del país. Asimismo, la entidad destaca con el segundo mejor sistema educativo nacional y consolida a su zona metropolitana como la más competitiva de México, según mediciones del IMCO.
El futuro de la administración pública no pertenece a los liderazgos unipersonales ni plenipotenciarios. Su virtud radica en la capacidad de construir ecosistemas institucionales que promuevan la colaboración efectiva entre actores sociales, políticos y gubernamentales. Se trata de asegurar que el desarrollo y la paz social sean el resultado directo de un trabajo integral, sistemático e institucionalizado, y no la consecuencia fortuita de decisiones aisladas.
Con esa conciencia, en Querétaro estamos diseñando el ecosistema que nos permita conversar y planear el futuro de nuestra entidad de manera permanente. Se trata de una red que interconecta al Estado, a municipios, a cámaras y colegios de profesionistas, a sindicatos, a la academia, a los consejos ciudadanos y en general a todo quien desee compartir una idea para enriquecer nuestro Plan Estratégico de Largo Plazo. Diseñar y fortalecer ecosistemas para la colaboración, es el verdadero modelo Querétaro.