Estamos a unas semanas de que millones de niñas y niños vuelvan a las aulas, y las familias comenzamos uno de esos rituales que se repiten cada año: revisar listas de útiles, buscar uniformes, medir zapatos y descubrir que la mochila del ciclo pasado, misteriosamente, “ya no sirve”.

Pero entre colores, etiquetas y libretas hay una lección mucho más importante, que ya comentaba en mi columna pasada, y es que en este periodo nuestros hijos pueden aprender cómo tomamos decisiones con el dinero.

Si consideramos que la inflación general anual se ubicó en 3.37% en junio de 2026, y que el rubro de educación -que considera principalmente colegiaturas- registraba aumentos anuales superiores al promedio general, no es una época sencilla.

A eso hay que sumar uniformes, calzado, útiles, transporte y todos esos pequeños gastos que aparecen durante las primeras semanas de clases.

Es aquí donde empieza la lección. Cuando compramos una mochila nueva, aunque la anterior todavía funcione, enseñamos algo; cuando usamos la tarjeta sin saber cómo la pagaremos, también. Y cuando explicamos que este año reutilizaremos algunos materiales porque el dinero tiene otros destinos, estamos enseñando otra cosa completamente distinta.

Profeco está organizando este año 54 Ferias de Regreso a Clases en todo el país, donde habrá útiles, uniformes, mochilas y calzado, además de descuentos y promociones. Pero quizá su recomendación más valiosa no tenga que ver con dónde comprar, sino con planear antes de hacerlo.

¿Por qué no convertir la lista escolar en un pequeño ejercicio familiar?

Antes de salir de compras, se pueden poner tres categorías sobre la mesa: lo que necesitamos, lo que podemos reutilizar y lo que queremos. Que nuestros hijos participen y que revisen sus colores, cuadernos, reglas y mochilas. Que comparen precios, e incluso podemos asignarles un presupuesto para algún artículo y dejar que ellos decidan, pero con asesoría.

Porque decirles “no alcanza” quizá cierre la conversación, pero explicarles “tenemos este presupuesto y tenemos que decidir cómo utilizarlo” abre una mucho más valiosa.

También es importante enseñarles que precio y valor no significan lo mismo. Lo más caro no necesariamente es mejor y estrenar no siempre significa necesitar.

La educación financiera empieza cuando ven cómo hacemos el súper, cómo decidimos unas vacaciones y, sí, también cuando estamos frente al anaquel de una papelería discutiendo si realmente necesitamos otra caja de 24 colores.

Este regreso a clases podemos entregarles cuadernos, uniformes y lápices nuevos. Pero también podemos regalarles algo que probablemente utilizarán durante toda la vida: aprender que el dinero es limitado, que se puede comprar de manera inteligente y, solo si, es necesario.

Y esa quizá sea la primera gran lección del ciclo escolar.

@finanzasentacon

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