En la Sierra Gorda de Querétaro la actividad minera del mercurio tomó importancia sobre todo durante la guerra de Vietnam, etapa en la cual aumentó significativamente la demanda de este metal por su uso militar; los mineros de San Joaquín fueron altamente beneficiados y se tuvo cierta bonanza, esto ocurrió principalmente avanzada la década de los 60.
A nivel internacional, las altas cotizaciones que alcanzó el precio del mercurio en el mundo en los últimos años provocó un auge en la explotación del metal en México, pero a partir la firma del Convenio de Minamata, no sólo México sino en el mundo entero se fijó el propósito de eliminar por completo la extracción del metal.
México firmó el Convenio de Minamata en Octubre de 2013. El Convenio tiene como objetivo proteger la salud humana y el medio ambiente de las emisiones y liberaciones antropogénicas de mercurio, para lo cual estipula una serie de medidas de control de las emisiones, liberaciones, uso, abasto y manejo de residuos de mercurio y sus compuestos. El texto final de este Convenio fue acordado por 136 países que lo adoptaron en el marco de la Conferencia de Plenipotenciarios, del 9 al 11 de octubre, y es el primer instrumento de carácter multilateral ambiental al que ingresa México durante la presente administración federal.
México cuenta con una base de normatividad ambiental que limita las emisiones y liberaciones de mercurio al ambiente y controla la disposición de residuos, sin embargo, el mercurio no se ha regulado como producto y se comercializa sin restricción. El Convenio de Minamata no contraviene las leyes ambientales de nuestro país, dado que existe una misma orientación y aplicación del marco jurídico vigente, así como el de otros convenios internacionales relacionados.
En su primer artículo, se establece que el objetivo del Convenio de Minamata es proteger la salud humana y el medio ambiente de las emisiones y liberaciones antropógenas de mercurio y sus compuestos.
El acuerdo de Minamata tomó este nombre por los catastróficos daños ocasionados a los habitantes de esa ciudad japonesa en los años cincuenta y sesenta del siglo pasado, por la contaminación de mercurio en las aguas de su bahía, debido al vertido de desechos de una empresa petroquímica.
En la Sierra Gorda de Querétaro la explotación del mercurio se ha convertido en la única opción de ingreso económico para muchas familias. Sin embargo, gran parte de esta actividad de extracción se realiza de forma clandestina, sin las medidas preventivas fundamentales para su salud y seguridad. Algunos mineros buscan el metal en las minas abandonadas o trabajan a cambio de una comisión por sus hallazgos.
En los municipios de Peñamiller, San Joaquín Pinal de Amoles y Cadereyta, los pobladores tienen en esta actividad una forma de sobrevivencia y saben que corren un riesgo en su salud, pero no encuentran otra alternativa. Los ingresos que logran por su trabajo en la minería son de mil a dos mil pesos a la semana.
La evaluación de sitios contaminados implica un gran desafío en la región, ya que se han utilizado y se utilizan prácticas de quema no controlada de residuos, vertederos a cielo abierto sin una adecuada gestión ambiental, lo que implica que el lixiviado de características ácidas que suele generarse movilizaría el mercurio en el ambiente, pudiendo llegar a impactar aguas y suelos superficiales y subterráneos. Asimismo, otra consecuencia relevante es la contaminación atmosférica por vapores de mercurio.
En esta administración estatal se han conformado ocho asociaciones de trabajadores de diferentes localidades o municipios, con la idea de promover que los mineros trabajen con ciertas normas de protección, seguridad e higiene laboral, sin embargo, queda mucho por hacer.
Procurador del Medio Ambiente de Querétaro.
jzepedag@queretaro.gob.mx
























