La Comisión Federal de Electricidad (CFE) ha sido objeto de múltiples investigaciones periodísticas, pero pocas tan incisivas como las que se encuentran en el capítulo 14 de Ni perdón ni olvido de Julio Scherer. En este apartado, el autor expone con precisión los mecanismos internos que llevaron a la empresa estatal al borde del colapso, revelando cómo la negligencia y las decisiones ideológicas han impactado directamente en el servicio eléctrico nacional. Los apagones recientes no son eventos aislados, sino síntomas de una estructura corroída por intereses políticos y falta de visión técnica.
Uno de los aspectos más alarmantes que Scherer documenta es el daño tangible al erario público, simbolizado por la pérdida de 300 millones de pesos. Esta cifra, lejos de ser un dato abstracto, representa el costo real de errores administrativos, contratos fallidos y falta de inversión en infraestructura. La negligencia no solo afecta a los usuarios, sino que dinamita la confianza en las instituciones y compromete el desarrollo económico del país. El capítulo detalla cómo estas pérdidas se han acumulado en silencio, mientras la CFE justifica sus fallos bajo el discurso de la soberanía energética.
La gestión de Manuel Bartlett, marcada por una visión ideológica rígida, priorizo el control estatal sobre la eficiencia y la transparencia. Este enfoque generó una cultura interna donde el cuestionamiento y la innovación son vistos como amenazas, no como oportunidades. Por su parte, AMLO con una responsabilidad y permisividad pasiva o quiza con una directriz, permitó que la CFE continuará durante su sexenio en una ruta de deterioro sin exigir rendición de cuentas ni impulsar reformas profundas. El resultado: apagones recurrentes, pérdidas millonarias y un servicio que deja a millones de mexicanos en la incertidumbre.
En momentos cruciales para la estabilidad energetica en el mundo, la obsolecencia con que trabaja la otrora empresa de clase mundial supone un riesgo en la inversión extranjera directa, un disuasivo para el nearshoring y un penar diario para miles de hogares mexicanos que día a día sufren de los muy soberanos apagones energeticos. En 2025 y 2026 los apagones en Querétaro se han vuelto frecuentes, con reportes diarios que en 2025 llegaron a cerca de 80 por día, cifra que luego se redujo a unos 55 gracias a mantenimientos eléctricos, aunque la saturación de la red y el robo de cables de media tensión siguen siendo causas principales. En 2026 se sumaron mega apagones programados en colonias y parques industriales de la zona metropolitana, donde la CFE justifica las suspensiones nocturnas por obras de modernización, pero que evidencian la fragilidad de un sistema eléctrico que pone en tela de juicio el ritmo de crecimiento industrial y urbano del estado.
Existe una urgencia de romper el ciclo de negligencia ideológica. Si el país desea avanzar hacia un futuro energético estable, es necesario que las decisiones se basen en criterios técnicos y no en dogmas políticos. De lo contrario, los daños al erario y los apagones seguirán siendo la norma, no la excepción.
























