La cultura religiosa y las tradiciones siguen vivas y de ello me he vuelto a percatar cuando este miércoles escuchaba la catequesis del Papa León XIV, cuando exhorta a los laicos, como tú y yo, para que demos testimonio de fe en la sociedad, y ello me trasladó a sesenta años de distancia, cuando al llamado del padre Ernesto Espitio Ortiz, padre franciscano con sede en el Templo de la Santa Cruz, acudieron un medio centenar de laicos para dar testimonio de fe el Viernes Santo por la tarde del año de 1966 cargando cada uno una cruz de mosquito y encabezados por un gran cruz y el Señor del Santo Entierro salieron al Jardín frente al templo; lo recorrieron ante el asombro y admiración de poco más de una centena de personas que se encontraban en ese momento en el lugar.
Así nacía la “Procesion del Silencio”, llamada así porque es la expresión de los laicos, hombres y mujeres pertenecientes a la Iglesis Católica, que en silencio y en razón de duelo por la crucifixión y muerte de Nuestto Señor Jesucristo se expresan con un recorrido que realizan por el corazón del Centro Histórico de Corazón y que en el fondo pretende ser desde sus orígenes un acto de expresión de Fe y Evangelización.
Cientos de fieles laicos después de haber vivido un retiro de preparación en el silencio y en la oración, parten en procesión silenciosa, desde el Templo de la Santa Cruz organizados en hermandades, iniciando con el Heraldo que anuncia el inicio de la columna.
Miles de personas, familias enteras se apuestan en las aceras del trayecto de la procesión, para sumarse en silencio a dicha expresión de Fe, las ventanas y los balcones de las casas por donde pasa se abren para quienes habitan esos inmuebles vean pasar a los pendientes y viven nuevamente como cada año esa grata experiencia, que además es punto de atracción también de miles de turistas.
Son sesenta años de la tradición de la Procesión del Silencio, que se cumplen mañana y como toda obra humana no ha estado exenta de problemas y sus complicaciones.
En 1971 integrantes de una Iglesia “Protestante” pretenden ingresar en el grupo que cerraba la procesión, llevando pancartas y pancartas con mensajes bíblicos y en sus leyendas oponiéndose a lo que ellos consideran como acto de idolatría, pero son repelidos por quienes observaban el paso de la columna, destruyendo sus mantas y palos e incluso portando palos para que desistieran de su acción.
Para el año de 1973 la denominada Iglesia en Querétaro, dirigida por un señor de nombre Joaquin Seafors, en la sede que tenían en el centro de la ciudad, destruyen y queman imágenes de la Religión Católica y exigen a la autoridad en turno se les permita realizar lo que denominan la Procesión de la Luz, sin lograrlo y es hasta el año de 1974 con la siguiente administración gubernamental que logran se les dé el permiso de su Procesion de la Luz, que la realizan el 21 de abril, fecha distinta a la del silencio.
A partir de los años 80 la Procesión del Silencio se ha venido consolidando, y se ha convertido en uno de los principales actos de expresión de Fe de los fieles laicos, siendo un referente de la Paz, Orden y Tranquilidad y una de las principales tradiciones que cada vez más son vivas y se viven.
























