“La consulta” de AMLO, en diversos medios fue cuestionada y señalada desde un principio como ilegal. Fue organizada por quien no representa nada, ni está en funciones de gobierno ni de nada, Morena fue quien la reguló y estuvo llena de irregularidades, para efectos de legitimidad del ejercicio. El 70% de las urnas colocadas se hizo en municipios con gran presencia de este movimiento. No hubo seguridad para evitar fraudes, por lo que la gente pudo votar de manera múltiple, no se cuidaron los datos personales.
De 130 millones de mexicanos, un millón 69 mil 870 mexicanos que participaron y con el 100 por ciento de votos computados, 311 mil 132 se inclinaron por la opción de continuar con Texcoco, lo que representó un 29.1%, y 748 mil 335 estuvieron a favor de Santa Lucía, lo que significó 69.9%. Un millón de personas aproximadamente fueron quienes “decidieron” el futuro de una obra de casi 300 mil millones de pesos. Si bien la consulta no tenía ningún valor legal, el haberla hecho vinculante modificó el ecosistema político. La cancelación del aeropuerto va a costar 260,000 millones de pesos, la cotización de las empresas mexicanas en Wall Street en días pasados perdieron 17,500 millones de dólares, el precio se depreció y la bolsa se desplomó y, además ¿qué pasará con los 40,000 mexicanos que trabajan en el aeropuerto de Texcoco?
Elisur Arteaga, destacado constitucionalista y amigo de López Obrador, escribió en septiembre en Proceso: “Morena ha asumido parcialmente el poder, lo ha hecho durante unos días. A pesar de ello, ya tuvo salidas en falso; ha violado la Constitución Política, las leyes, los reglamentos y las prácticas parlamentarias…”
“La consulta”, dejó entrever cómo va a gobernar López Obrador. No asumirá responsabilidades, es una incipiente democracia tutelada, un presidente no delega las responsabilidades para las cuales fue electo, las asume y paga sus consecuencias. Nadie ignora que el poder sin ningún control efectivo alimenta a la corrupción.
El desprecio que manifiesta AMLO por los mecanismos institucionales del poder, considerándolos cuestiones de “mera forma”, abre el paso a la aceptación de una dictadura, a un despotismo. Y en este desprecio hacia el “formalismo”, hacia los mecanismos institucionales de la democracia, vienen a fundirse y reforzarse mutuamente dos líneas de pensamiento, de naturaleza y significación muy diferentes. De un lado, justifica “la indignación” contra la “mafia del poder”. Por otro lado, está la crítica que no se limita a afirmar que la democracia política es insuficiente, sino que llega a descalificarla, acusándola de ser meramente “formal”, negándole todo valor y propugnando, en cambio, una democracia “del pueblo” que puede resultar una degeneración que nada tiene que ver con el poder mayoritario democrático de un pueblo organizado.
Cuando no hay equilibrio de poderes, cuando el presidente tiene muy pocos límites, porque utiliza al Congreso como una secretaría más del Poder Ejecutivo, alterara el sistema institucional. Como dicen los analistas, este es el origen de los totalitarismos. Los dictadores se mantienen y sostienen amparados en la mentira de que representan a las mayorías, al pueblo.
Por eso hay que insistir en el respeto a las instituciones, al consenso, al acuerdo nacional, indispensables en materia jurídica y constitucional, que desarrolle a plenitud la aplicación y el respeto de los derechos humanos y las libertades fundamentales internacionalmente reconocidas.
La voluntad dictatorial disfrazada de “consultas”, pueden ser utilizadas para imponer su criterio con el supuesto apoyo popular. La gran tentación de un gobierno demócrata es la oclocracia. Y en este orden de ideas, hay que tener mucho cuidado para evitar que la democracia participativa, que es necesaria y saludable, sea manejada para disfrazar oclocracias.
Hay coincidencia con la senadora Beatriz Paredes, ¿por qué no aguardo AMLO a su condición de presidente en funciones para suspender la obra? El verdadero tema es un cambio de régimen. “Difícilmente serán las mayorías quienes lo determinen.”
¿El de AMLO será un gobierno de la oclocracia?
























