Los bancos, en la mayoría del mundo, están sujetos a diferentes regulaciones respecto a México y operan en entornos económicos distintos, lo que explica el por qué la banca internacional, especialmente en los Estados Unidos, experimenta niveles de estabilidad financiera diferentes que en nuestro país.

Un ejemplo de esto es la crisis de 2008, donde Estados Unidos tuvo una pérdida económica de aproximadamente 22 billones de dólares, causada principalmente por la especulación excesiva en el mercado inmobiliario y la falta de regulación de sus productos financieros complejos.

En cambio, la banca mexicana en la misma época tuvo una crisis de menor impacto, que incluso no requirió rescate bancario, debido en gran parte a las estrictas medidas regulatorias y de supervisión bancaria que se comenzaron a implementar a partir de la crisis de 1994 y que, a la fecha siguen fortaleciéndose y sorteando crisis financieras mundiales.

Lo anterior da la pauta para entender por qué el colapso de algunos bancos estadounidenses y británicos durante el 2023 no ha impactado en el sector financiero mexicano.

Esto lo podemos entender si observamos el grado de exposición que tiene actualmente la banca ante los cuatro riesgos bancarios más importantes.

El primer riesgo es el de liquidez, que se refiere a la capacidad de los bancos para hacer frente a sus necesidades de capital de corto y largo plazo, lo cual es medido con los siguientes indicadores. El coeficiente de cobertura de liquidez para cubrir retiros en el corto plazo está cercano al 300%, sobrepasando por mucho el límite regulatorio de 100%, y el coeficiente de capitalización para cubrir necesidades de largo plazo se encuentra en 19.6%, rebasando en 9.6 puntos porcentuales al requerimiento regulatorio. Ambos indicadores se han mantenido  saludables por más de 30 años.

El segundo riesgo es el relacionado al nivel de concentración, que se enfoca al nivel de diversificación de sus depositantes; a diferencia de los bancos que actualmente han colapsado en Estados Unidos, con una alta concentración en startups tecnológicas, en México se tiene una base de depositantes muy bien diversificada y capitalizada, disminuyendo  los retiros masivos en caso de problemas financieros.

El riesgo de mercado se refiere a la exposición de las variaciones en las tasas de interés y tipo de cambio; es otro de los retos que la banca mexicana ha sabido manejar adecuadamente, ya que lleva una estricta administración de riesgos, manteniendo coberturas para enfrentar la persistente volatilidad en el tipo de cambio y los movimientos en las tasas de interés, situación que en Estados Unidos se relajó y llevó a la quiebra a los bancos.

El último es el riesgo crediticio, el cual se refiere a la pérdida financiera que enfrenta la banca cuando los prestatarios no cumplen con sus obligaciones de pago. El índice de morosidad mide este riesgo, que en promedio se ha mantenido en un nivel de 2.3% desde hace más de 15 años, incluso a pesar de las crisis y la pandemia. Si bien la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV) no establece un nivel mínimo requerido, la banca lo considera financieramente saludable al nivel actual, ya que incluso se ha mantenido con las complicaciones económicas globales.

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