La región de El Bajío es conocida como una de las que más captan inversión extranjera directa en el país, y Querétaro forma parte de esta tendencia. Entre 2018 y 2025, el estado recibió 7.410 millones de dólares. Esto, sin duda, representa además un importante capital político: los gobiernos se presentan como capaces de generar prosperidad. Pero más allá de la atracción de empresas y sus recursos desde el exterior, conviene preguntarnos cuáles son los resultados de esta inversión a mediano y largo plazo. Es pertinente indagar si, más allá de los empleos directos e indirectos del momento, estas empresas, en conjunto con el gobierno, pueden generar incentivos para fortalecer las capacidades locales y, así, lograr que la constelación empresarial en el territorio sea menos vulnerable a los cambios en la política internacional (por ejemplo, la que rige nuestra relación con Estados Unidos).

Ese es el caso de los centros de datos, cuya inversión, según lo anunciado por el gobierno estatal, ha ascendido a 12 millones de dólares. Estos proyectos han recibido cuestionamientos por parte de los grupos ambientalistas, que cuestionan el uso del agua y la electricidad, recursos con los que ya se enfrentan a problemas de escasez. No obstante, además de las dudas sobre estos gastos, surge otra pregunta importante: ¿cuáles son los beneficios a mediano y largo plazo de estas inversiones? Crean empleos a corto plazo y son rentables electoralmente, sin duda, pero ¿qué tan buenas inversiones son para los futuros habitantes?

La investigación sobre desarrollo regional estudia los spillovers, o derrames de conocimiento, para entender cómo la experiencia y la tecnología de una empresa internacional pueden beneficiar a otras organizaciones en los territorios locales. Ocurre, por ejemplo, cuando una empresa proveedora local adquiere conocimientos que luego utiliza con otros clientes. Su alcance depende de las actividades que se realizan en el territorio y de las posibilidades de aprovechar ese aprendizaje. Una compañía puede instalar infraestructura avanzada y mantener en otros países la investigación, el diseño y la toma de decisiones estratégicas… eso ya lo hemos visto muchas veces en México.

Respecto a los centros de datos, ya existen acuerdos entre las empresas internacionales, gobiernos y universidades en la región para ofrecer cursos de formación tecnológica, principalmente dirigidos a estudiantes. Este es un esfuerzo importante; sin embargo, no es suficiente. Es necesario que se comparta información sobre la “derrama” de conocimiento de esta y de otras inversiones que se atraen a la región. Es importante saber cómo las empresas internacionales compran a proveedoras locales, qué aprenden de esa relación y cómo esa experiencia se convierte en un insumo para mejorar sus productos y procesos. También es necesario conocer los resultados de los programas públicos de apoyo a emprendimientos de la región que buscan desarrollar productos propios, asumir tareas de diseño y comercialización y diversificar su base de clientes. Estas mejoras y la adquisición de nuevas funciones en las cadenas de valor forman parte de lo que la literatura denomina upgrading.

Más allá de presumir de las inversiones en términos de montos, busquemos que nuestra región presuma de los resultados del aprendizaje y fortalecimiento de nuestras empresas locales.

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