Esta semana se celebró en diferentes medios de comunicación que Querétaro apareciera como la ciudad de más de un millón de habitantes más competitiva del país en el Índice de Competitividad Urbana del IMCO, y la directora de la asociación resumió parte del entusiasmo al señalar que el estado alcanzó ese lugar, aunque “no tiene petróleo, no es fronteriza, ni recibió un megaproyecto”. La frase tuvo eco porque conecta con una idea muy instalada en el imaginario local, la de un Querétaro exitoso frente a un país que suele aparecer atrapado entre crisis económicas, violencia y malos gobiernos. Aunque detrás de esa narrativa existen preguntas importantes que merecen discutirse con calma. La primera tiene que ver con las debilidades que señala el mismo índice, la segunda con los retos y desigualdades que acompañan el modelo de crecimiento regional y la tercera con la capacidad real de la ciudad para sostener este modelo urbano y regional en el largo plazo.

Para iniciar, debemos señalar que el propio índice permite matizar la celebración. Querétaro encabeza el ranking general porque combina fortaleza en innovación, economía y gobierno, aunque sus resultados no son parejos en infraestructura, mercado laboral y derecho. En infraestructura ocupa el lugar 20 entre 21 ciudades de más de un millón de habitantes, apenas por encima de Cancún y por debajo de La Laguna, Saltillo y Culiacán. El rezago se explica sobre todo por la baja proporción de vivienda nueva dentro de zonas urbanas consolidadas, uno de los indicadores con mayor peso en este subíndice. Esto sugiere que la ciudad crece hacia fuera y que la capacidad urbana no ha avanzado al mismo ritmo que la economía. En mercado de trabajo queda en la posición 12; ahí aparece un contraste importante, porque, aunque los datos del INEGI muestran que Querétaro (estado) creció por encima del promedio nacional en puestos remunerados y remuneraciones, el ICU registra debilidades urbanas relativas en productividad por hora, brecha salarial de género y jornadas laborales extensas. En derecho también ocupa el lugar 12, detrás de Mérida, Saltillo y Aguascalientes, afectado especialmente por el robo de vehículos, donde registra uno de los niveles más altos del índice.

La segunda discusión tiene que ver con el modelo de crecimiento en Querétaro, el cual se apoya en sectores vinculados con manufactura, servicios profesionales, actividades corporativas y ramas intensivas en capital, muchas de ellas conectadas con cadenas globales de producción y decisiones empresariales tomadas fuera del territorio. Esa integración ha sido una ventaja importante, porque atraer inversión es positivo para una economía regional, pero esa dependencia vuelve a la economía local más sensible a crisis internacionales, cambios tecnológicos y desaceleraciones externas; por eso, un gran reto está en que la inversión deje beneficios más arraigados en el territorio. Además, los efectos positivos no se distribuyen de manera homogénea: el INEGI muestra aumentos importantes en ingresos laborales de algunos sectores, mientras transporte, comunicaciones, correo y almacenamiento registró una caída de 13.1%. En resumen, Querétaro produce riqueza, pero esa riqueza todavía se concentra en ciertos sectores, ciertos perfiles laborales y ciertas zonas del territorio. El pendiente está en convertir la inversión externa en una base empresarial regional más sólida, con empresas locales capaces de integrarse a esas cadenas con mayor valor agregado, innovación propia y mejores encadenamientos productivos.

La tercera discusión probablemente sea la más importante y casi nunca aparece cuando se celebran estos rankings. El modelo queretano se sostiene sobre un territorio ambientalmente frágil y sobre una infraestructura urbana que comienza a mostrar señales de saturación. Mientras algunos corredores metropolitanos concentran inversión, vivienda nueva y empleos especializados, otras zonas del estado permanecen rezagadas y muchas familias son desplazadas hacia periferias cada vez más lejanas. Querétaro crece sobre acuíferos en déficit, con una expansión inmobiliaria que ha favorecido esquemas privados de abastecimiento y con una disponibilidad hídrica que ya no alcanza para sostener el modelo urbano sin una regulación mucho más justa y eficiente.

Así, la discusión más importante para Querétaro debe estar en lo que estos estudios señalan como pendientes. La celebración puede distraer, porque coloca el acento en el lugar obtenido frente a otras ciudades mexicanas que también tienen problemas serios y no en las estrategias que hacen falta. Ser competitivo importa, pero sostener esa competitividad exige ordenar el crecimiento, fortalecer capacidades locales y evitar que el éxito económico termine profundizando las desigualdades y el deteriodo ambiental.

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