Musicalia
En nuestras dos entregas anteriores hablamos de los compositores checos del post-romanticismo, Antonín Dvořák y Bředrich Smetana. Ahora iniciaremos una serie sobre compositores del modernismo.
“La Sinfonía debe ser como el mundo. Debe abarcarlo todo”, dijo Gustav Mahler, compositor austríaco y director de orquesta, nacido en el seno de una familia judía germano-parlante en Bohemia, actual República Checa, en julio de 1860 y fallecido en Viena en mayo de 1911, ciudad donde vivió y trabajó casi toda su vida. Se le considera el enlace entre la tradición austro-alemana del S.XIX y el modernismo del S.XX.
A los 15 años ingresó en el Conservatorio de Viena donde ganó concursos de piano y composición. Fue un muy exitoso director de ópera; pasó 10 años en la ópera de Viena (1897-1907) y 4 en la de Nueva York (1908-10), donde fue director de la Metropolitan Opera House y de la Orquesta Filarmónica de Nueva York. Fue un gran innovador y gracias a sus originales producciones y a la insistencia en producir a los más altos niveles de representación, se granjeó el reconocimiento como uno de los más grandes directores de ópera, particularmente de obras de Wagner y Mozart. Fue uno de los más grandes compositores de sinfonías de la historia, con 9 sinfonías épicas y el inicio de una décima, que son de las más grabadas y representadas del repertorio musical.
Mahler compuso dos maravillosos ciclos de canciones (Lieder); el primero en 1905 ‘Canciones para los niños muertos’ como un presagio de la muerte de su hija, que consiste en un arreglo para barítono de poemas de Friedrich Rückert, quien también perdió dos hijos; y La Canción de la Tierra en 1909, una obra en forma de sinfonía basada en traducciones de poemas chinos y arregladas para dos solistas y una orquesta. Aunque triste y dolorosa, es una de las más bellas obras de Mahler.
Las sinfonías de Mahler son un verdadero patrimonio cultural de la humanidad.
Su Octava Sinfonía, la “Sinfonía de los mil”, que requiere de 1,030 músicos, entre ejecutantes de dos orquestas, 8 solistas y los coros, es la más grandiosa, en términos cuantitativos (en términos cualitativos hay algunas otras más grandes), del repertorio musical. Recomendamos la versión de Gustavo Dudamel con dos orquestas: la Filarmónica de Los Ángeles y la Sinfonía Simón Bolívar de Venezuela, con el Coro Sinfónico Juvenil y los Niños Cantores de Venezuela, grabada majestuosamente en el Teatro Teresa Carreño de Caracas. Su Quinta Sinfonía con su famoso adagietto es una verdadera belleza, lo más popular de Mahler y que a menudo se interpreta solo; sus dos primeras sinfonías la 1ª. y la famosa 2ª. ‘La Resurrección’ son de las más interpretadas.
Sufrió ataques del antisemitismo institucional a pesar de que se convirtió al catolicismo de Viena. A los 41 años conoció y se casó con Alma Schindler de 22 años, compositora también, y tuvo dos hijas con ella (una de ella muere a los 6 años de edad), por lo que Mahler le ordenó dejar de componer para educarlas. En 1910, Alma tuvo un affaire con el arquitecto Walter Gropius, con quien después se casaría, lo que hundió a Mahler, quien ese mismo año contrajo una infección en la sangre que le causó la muerte.
Fue hacia el final de la 2ª. Guerra Mundial y por el empeño de directores como Bruno Walter, Otto Klemperer y, posteriormente, Bernard Haitink y Leonard Bernstein, que su música empezó a interpretarse con más frecuencia por las grandes orquestas, ubicándose ya entre los compositores más reconocidos en el medio musical.
*Diplomático queretano; diletante de la música clásica. Twitter: @fgcossio
























