Si el “sistema político” no hubiese asesinado a Luis Donaldo Colosio Murrieta, hoy 10 de febrero cumpliría 66 años de edad. Como presidente de la República, de 1994 al 2000 e iniciándose en el cargo con  tan solo 44 años. Por coincidencia, el suscrito cumple hoy 47 de litigar en Derecho del Trabajo; y le “llevaba” a mi amigo Luis Donaldo: pocos meses de edad,  pues cumplo 67 en septiembre de este año.

Octavio West en la “Plataforma Ideológica 1988-1994 de Colosio”, realiza un buen compendio de Colosio, documento de alto valor intelectual que refleja el pensamiento de un verdadero estadista. Hoy en día, ningún partido político tiene una ideología clara, definida, certera y realista, que refleje el actuar social. Octavio en el libro citado, aun cuando no se refiere a conceptos de Colosio respecto de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, de la lectura del índice, se pueden localizar con brevedad los pensamientos respectivos del extraordinario hombre sacrificado como un filicidio político. En efecto, en forma cronológica y por temas, descubrimos por ejemplo: Estado de Derecho; Garantías Individuales, Derecho Humanos, Justicia, Seguridad Pública, Gobierno y Reforma del Gobierno, Pacto Federal, Cultura Política, Participación Social, Organización Social, Estabilización Económica, Finanzas Públicas, Servicios Públicos, Industria, Protección de los Trabajadores, Política Laboral, Sindicalismo, Bienestar Social, Educación, Salud Deporte, Niñez, Ancianos, Etnias, Indígenas y otros temas medulares que todavía hoy en día, demandan una solución inmediata y de bienestar para la comunidad. A mi juicio, el último presidente de la República y quizás el único que hemos tenido y se desempeñó como un verdadero estadista,  fue el General Lázaro Cárdenas a quien por supuesto no conocí en persona, sino a través de libros de Historia. En 1961, Carlos Fuentes fue invitado por Cárdenas a una gira por el centro de la República; visitaron Querétaro, Guanajuato, Jalisco y Michoacán y en su libro “Personas” nos relata la afirmación del general: Nosotros les entregamos las organizaciones a los trabajadores y a los campesinos para que ellos mismos las gobernaran. No fue mi intensión que esos propósitos se frustraran y las organizaciones fueses manipuladas y corrompidas.

Con certeza afirmo que la convergencia del pensamiento de Colosio basado en la Constitución promulgada aquí en Querétaro en 1917, se sintetiza en su Discurso del 06 de Marzo de 1994; sin embargo, todo lo referente a sus ideales, sueños e ilusiones para su México querido, hoy han sido archivados en el cajón de las cosas inservibles de la Historia; en efecto, Colosio afirmaba, creía y anhelaba: “Surgimos de una Revolución que hoy sigue ofreciendo caminos para las reivindicaciones populares. A sus principios de democracia, de libertad y de justicia es a los que nos debemos”. Tres ideales de los que adolecemos, entre otros. “Sabemos que el origen de muchos de nuestros males se encuentra en una excesiva concentración del poder. Concentración del poder que da lugar a decisiones equivocadas; al monopolio de iniciativas; a los abusos, a los excesos. Reformar el poder significa un presidencialismo sujeto estrictamente a los límites constitucionales de su origen republicano y democrático”; contrario a ello hoy estamos sufriendo una Dictadura Perfecta, Mario Vargas Llosa dixit. Principalmente nos duele la ausencia de: “Es la hora de reformar el poder, de construir un nuevo equilibrio en la vida de la República; es la hora del poder del ciudadano. Es la hora de la democracia en México; es la hora de hacer de la buena aplicación de la justicia el gran instrumento para combatir el cacicazgo, para combatir los templos de poder y el abandono de nuestras comunidades. ¡Es la hora de cerrarle el paso al influyentismo, a la corrupción y a la impunidad!” Y concluyo por supuesto con las palabras de Luis Donaldo Colosio: “Queremos un México unido, queremos un México fuerte, queremos un México soberano. Un México de libertades, un México con paz, porque son amplios los cauces de la democracia y de la justicia”; todo ello, para que algún día nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos puedan vivir y expresar con orgullo: ¡Ser mexicano significa ser sueño en sagrada libertad!

Desde luego amigo lector, usted tiene una mejor opinión.

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