Durante años nos explicaron que el IMSS era una herencia de los “mal llamados gobiernos neoliberales”: burocrático, lento y saturado. La promesa de la Cuarta Transformación era convertirlo en un sistema casi escandinavo, sólo que con tamales en la entrada. Hoy, después de años de transformación, conseguir una cita todavía exige paciencia clínica, fe administrativa y, en ocasiones, la velocidad de un atleta olímpico para alcanzar ficha.
La paradoja es incómoda: el IMSS reporta más consultas, cirugías, personal y presupuesto ejercido, pero también reconoce que la demanda crece, que los servicios están bajo presión y que deben revisarse desabasto, plazas vacantes, equipo y mantenimiento. Es decir, hay más actividad en las estadísticas, aunque en la ventanilla el derechohabiente siga sintiendo que llegó al estreno de una película… cuando ya están pasando los créditos.
También conviene precisar el reclamo presupuestal. No todo el gasto del IMSS ha disminuido; de hecho, su cuenta pública de 2025 registró un ejercicio superior a lo aprobado. Pero el sistema nacional de salud sí ha sufrido reasignaciones y recortes relevantes en hospitales, infraestructura e investigación. El problema no cabe en una consigna: importa cuánto dinero llega, en qué momento y si termina convertido en médicos, medicamentos y camas, o en una presentación con gráficas muy saludables.
Por eso las movilizaciones del personal en Querétaro no deben caricaturizarse como reclamo sindical. Trabajadores del Hospital General Regional No. 1, La Pradera y San Juan del Río han pedido mejores salarios, pensiones y condiciones laborales, además de personal, insumos y medicamentos suficientes. Su motivación es doble: defender su trabajo y advertir que nadie puede ofrecer atención digna con plantillas exhaustas y anaqueles que practican el minimalismo.
A la oposición le toca señalar la crisis sin celebrar el colapso. Sí, resulta tentador decir que “estábamos mejor cuando estábamos peor”: antes nos prometían eficiencia y entregaban carencias; ahora prometen derechos universales y las carencias llegan con conferencia matutina. Sin embargo, la nostalgia tampoco cura. Los gobiernos previos dejaron rezagos, fragmentación y subinversión; la 4T recibió ese diagnóstico, pero ya no puede seguir presentándose como residente de primer año que apenas conoce el expediente.
La salida es concreta: presupuesto multianual y transparente; contratación conforme a demanda regional; compras y distribución auditables; mantenimiento con fechas públicas; medición de tiempos de espera; y mesas de diálogo vinculantes con trabajadores y derechohabientes. Criticar a la 4T no significa desear que fracase el IMSS, sino exigir que funcione. Porque la salud pública no necesita otra transformación retórica: necesita que la receta esté surtida, que el médico no cubra tres puestos y que la cita llegue antes que el siguiente sexenio.























