El visitante busca los sitios históricos de Querétaro, patrimonio de la humanidad según el registro de la UNESCO. Camina entre plazas con jardines diminutos. En mi ciudad, cada baldosa de piedra es una pequeña escultura de superficie plana. Los canteros extraen las rocas de yacimientos cercanos, las pulen y colocan para formar las calles. Los viejos portones, como pinturas al óleo, tienen marcos de la misma piedra. Las ventanas, protegidas por balcones de hierro forjado, dan un toque de romance. El cielo del atardecer agrega sus colores de fuego. Ficus y laureles de la India ofrecen su verdor para contrastar con el estridente color de las bugambilias, pero las jacarandas son el verdadero prodigio. La primavera queretana es un concurso de belleza.
Cuando caminamos bajo su fronda, ocurre una especie de milagro: del cielo caen las campanillas color lila, un púrpura sutil que va formando alfombras que perfuman el aire. Marzo y abril son los meses de las jacarandas.
En patios de piedra, las niñas arman collares y brazaletes con sus flores, que también se convierten en hadas, como dibujadas en libros de fantasía.
Los primeros árboles de jacaranda fueron plantados en la Ciudad de México por Tatsugoro Matsumoto, jardinero japonés, quien llegó en 1892 para conocer nuestras plantas, antes de viajar a Perú, donde conoció la jacaranda, originaria de Brasil. Años después, aceptó la invitación del minero José Landero para trabajar en su hacienda en Hidalgo y se quedó a vivir en el país. Diseñó cientos de jardines para las zonas residenciales de la capital, en especial las colonias Roma y Polanco; la excelencia de su labor hizo que Porfirio Díaz lo comisionara para el Castillo de Chapultepec y su bosque.
El hijo de Matsumoto vino de Japón para ayudarle y juntos plantaron cientos de especies, entre ellos la jacaranda, que floreció en su casa del estado de Morelos. A base de prueba y error, los jardineros japoneses lograron la adaptación de este árbol a nuestro suelo, aire y humedad.
El presidente Álvaro Obregón, quien también fue hacendado, aceptó la propuesta que presentó el paisajista: plantar jacarandas en toda la ciudad. En la década de 1920, se fundó la colonia Chapultepec Heights, hoy llamada Lomas de Chapultepec, que tiene como eje el Paseo de la Reforma, una avenida bordeada de jacarandas. Más tarde, el presidente Ortiz Rubio pidió a Matsumoto que plantara cerezos en las principales avenidas, siguiendo el ejemplo de Washington, D.C. Sin embargo, el clima del centro de la nación no les permitió sobrevivir.
Demos un salto de un siglo: 2023. A pesar de la guerra, los conflictos políticos y los terribles golpes de la realidad, una lluvia de pétalos nos acompaña al caminar. Las flores crean tapetes efímeros como los sueños. La mente humana necesita descanso, tiene que hacer a un lado las vicisitudes que nos embargan de pesimismo. Hay dolor en la vida contemporánea, es verdad. Sin embargo, podemos colocarnos bajo un árbol de fronda generosa, pintado de color lila, lleno de castañuelas que parecen tocar una canción alegre. Unos minutos después, el alma comenzará a recuperar la confianza en el futuro.
























