El Museo Regional de Querétaro cumple 90 años de dar lecciones de historia, exhibir obras de arte, gestionar conciertos, presentaciones de libros y toda clase de actos culturales. Es un cofre de tesoros lleno de gemas, un lugar sagrado que ha preservado su magia a lo largo del tiempo. Un edificio que nos pertenece a todos y que cuidamos con esmero para gozo y deleite de quienes habitarán esta noble y leal ciudad.
Al traspasar sus puertas, sentimos el feliz escalofrío que nos eriza la piel al recorrer espacios que han desafiado los siglos y se mantienen de pie, erguidos, con una dignidad que ya querrían para sí altos edificios de hierro y cristal. El museo más grande e importante del estado encontró su espacio en un conjunto arquitectónico de mediados del siglo XVI: el Convento Grande de Nuestro Señor San Francisco.
Aquí comenzó Querétaro, a la vera del Camino Real de Tierra Adentro. El museo es el centro mismo del Centro Histórico. En una de las esquinas de la construcción original, se halla el kilómetro cero de los caminos que inician o terminan en la ciudad. Ahí se encuentra un monumento conmemorativo de la declaratoria del camino como Sitio Patrimonio de la Humanidad. En tiempos virreinales, al este del convento comenzaba la traza de la ciudad indígena, que subía al cerro del Sangremal; al oeste, la traza española rectilínea, con soberbias casonas que fueron transformando sus fachadas e interiores en los siglos del barroco.
Romy Rojas Garrido, maestra en arquitectura y urbanismo, compara el museo con un punto de acupuntura, siguiendo la táctica de los urbanistas que tratan a la ciudad como un organismo vivo. La maestra Rojas Garrido es la presidenta del Patronato del Museo Regional de Querétaro; ha puesto su enorme capacidad de convocatoria para conformar un grupo de amantes del arte, la cultura y la historia, para unir voluntades en torno de un solo proyecto: cuidar de este tesoro, difundir sus valores, llevar a los niños y enamorar a los jóvenes de sus salas, corredores, patios y árboles. Compartir con los turistas y las familias recién llegadas desde México y el extranjero. En palabras de Rojas Garrido: “Todos somos uno. Contribuyamos a tener ciudades más humanas y más seguras. La historia de las generaciones futuras se definirá por las decisiones que tomemos ahora”.
El convento abarcaba cerca de 30 mil metros cuadrados, con su fuente barroca, celdas, cocina, sala de profundis, biblioteca, huertas, capillas, patios, cementerio, enfermería, sala capitular y talleres de oficios. Gran parte de estos espacios arquitectónicos se han perdido. Nos queda la tarea de cuidar y proteger lo que persiste.
En la fiesta del aniversario, recordaremos la benéfica acción del fundador, el maestro Germán Patiño, gran defensor de nuestro patrimonio. Estarán presentes Mauricio Kuri, gobernador; Joel Omar Vázquez Herrera, director del INAH; Rosa Estela Reyes, directora del Centro INAH Querétaro; Paulina Macías, directora del Museo Regional; los miembros del Patronato y los Amigos del Museo.






















