Entrar a una casa ajena, hablar con sus dueños mientras disfrutan juntos un aperitivo, platillo o postre; apreciar la atmósfera creada por los muebles, obras de arte, plantas, instrumentos musicales, libros: vivir una experiencia emocional, con los sentidos bien abiertos. De eso trata esta forma de conocer gente y los lugares que habita. 
Modern Love, una columna del periódico The New York Times, ha inspirado a los productores de la serie del mismo título trasmitida por Amazon Prime. Los episodios dedicados a la ciudad neoyorkina detonaron nuevas series, con historias que tienen lugar en los Países Bajos y Japón. Los argumentos giran en torno al romance, los conflictos familiares y muchos asuntos que rondan por nuestra mente. La trama es contemporánea en todos sentidos: los personajes se comunican mediante redes sociales, envían mensajes de texto o audio, viajan por el mundo, son ejecutivos de empresas trasnacionales o migrantes sin recursos que sufren dolores profundos: enfermedad, dolor y pérdida. Con inteligencia, enfrentan los retos del siglo XXI. Algunos gozan de una vida con privilegios.

Un hombre de Ámsterdam llega a su primera cita con una mujer atractiva. Él carga una bolsa de supermercado. Invita a la dama a caminar por una calle de edificios elegantes, construidos alrededor de 1940. Toca un interfón. El dueño responde y les permite el acceso.

Al llegar al departamento, el visitante entrega la bolsa al anfitrión, quien calienta los platillos en su horno, pone una linda mesa para dos, con vajilla de porcelana y copas de vino. Descorcha la botella de tinto francés, lo sirve como si trabajara en un restaurante de lujo y regresa a la cocina para dejarlos a solas. Ellos aprecian la belleza de la decoración, las vistas desde la ventana, las fotografías artísticas. Al llegar el postre, el dueño, viudo, se une y les cuenta interesantes anécdotas de viajes y momentos de una vida plena. Los objetos simbólicos, que representan etapas fundamentales, forman un museo íntimo que se recorre en un par de horas, en compañía del curador de la muestra. Las piezas en las paredes ilustran su charla.

De esta manera, alguien puede frecuentar a una persona de edad madura que vive sola, en una casa llena de recuerdos.

El evento le permite a un jubilado volver a narrar su juventud, iniciar una amistad y llenar los huecos que deja la soledad.

Es una fuente de ingresos para el solitario y un estímulo para que se despierte con entusiasmo, porque va a compartir con sus visitantes lo mejor que tiene. Para los comensales, es un lujo.

En México, cuando el amigo del amigo llega a casa, lo invitamos a la mesa y echamos más agua a los frijoles. Donde comen cinco, comen seis. Esta añeja costumbre está más arraigada en pueblos y zonas rurales.

El relato de nuestra propia vida tiene párrafos iluminados por presencias claras. No intento siquiera hacer aquí una relación de amigos y familiares que han abierto para mí las puertas de sus casas, con generosidad y alegría. Cuando digo frijoles digo tortillas, recién salidas del comal; veo las manos que sirven este manjar al calor de los leños, escucho palabras llenas de afecto, respondo de igual manera y un lazo invisible nos envuelve.

Google News