La disputa sobre un estado de bienestar o un estado individualista no es ni nueva, ni exclusiva de México. Es una disputa universal que tiene siglos de existencia.

En su versión más reciente, medidas esenciales de un estado de bienestar se vienen aplicando, en diferentes partes del mundo, y con diferentes matices, al menos desde hace unos 150 años con las luchas de las y los trabajadores por tener jornadas laborales de máximo ocho horas diarias, salud y educación públicas, universales y gratuitas, pensiones dignas en la tercera edad, apoyos para vivienda, préstamos asequibles, vacaciones pagadas, aguinaldo, seguro por desempleo, becas a estudiantes, etc.

En México, amplias medidas de bienestar quedaron plasmadas en la constitución de 1917, en Rusia poco después de 1922. En los principales países europeos, después de la segunda guerra mundial, sin ser países comunistas o socialistas, comenzaron a aplicarse las principales medidas de un estado de bienestar y aunque desde la llegada del neoliberalismo se ha buscado ir acabando con tales medidas, aún el estado de bienestar europeo es fuerte, a pesar de que recientemente la clase política gobernante prefiere desviar los recursos que antes se aplicaban a programas sociales a un insensato rearme.

Medidas como las que se tienen en nuestro país, se aplican en Alemania, en Francia, en el Reino Unido, en Italia o en los países nórdicos sin que se acuse a dichos países de “populistas”.

Los programas sociales son una inversión para coadyuvar en el crecimiento de las capas más desfavorecidas de la población.

En el pasado segundo informe de la presidenta, la Dra. Claudia Sheinbaum Pardo, se dio a conocer que México destina ya poco más de un billón de pesos anuales a los programas de bienestar con un beneficio directo a casi 43 millones de personas. El principal programa, la pensión universal para adultos mayores, se lleva prácticamente la mitad, 530 mil millones de pesos al año y beneficia a 13.7 millones de personas.

El crecimiento con la 4T es más que evidente. En el último año del priista Enrique Peña Nieto se destinaron a programas sociales 106 mil millones de pesos, hoy se destina 10 veces más.

Claro que los gobiernos del PRI y del PAN habrían podido también invertir en bienestar, pero ni les interesa ni nunca le ha interesado, pues su política es la de favorecer a unos cuantos, entre esos cuantos, a sus familias, a sus amigos y a sus allegados más cercanos.

Anbapu05@yahoo.com.mx

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