Las muestras de fe y devoción multitudinarias tendrán que esperar para la próxima Semana Santa. Debido a la contingencia sanitaria provocada por el Covid 19, esta vez se tiene que vivir de otra manera, sin Viacrucis en La Cañada, sin Procesión del Silencio, sin gente en los templos.

Los puestos de comida, nieves, frituras, dulces y micheladas en La Cañada tendrán que esperar un año. La representación de la Pasión de Cristo este año se canceló. Los preparativos, ensayos, escenografías, quedaron guardadas.

El Jueves y Viernes Santo, el vocero y vicario general de la Diócesis de Querétaro. José Martín Becerril Lara dio un recorrido aéreo por el estado, para bendecir a la población y pedir por el fin de la pandemia de Covid-19.

El presbítero llevo en este recorrido una imagen de la Virgen de los Dolores de Soriano, patrona de la diócesis queretana, y también al Santísimo Sacramento.

Desde las primeras semanas de la declaratoria de contingencia se supo que las conmemoraciones religiosas de Semana Santa se debían suspender, que los templos tendrían que cerrar sus puertas y que las conmemoraciones deberían esperar para otra ocasión.

Las calles de La Cañada lucen diferentes este año. Las multitudes que acudían como cada año a presenciar el Viacrucis no están. Los escenarios, como la casa de Pilatos, el Sanedrín, el palacio de Herodes y el monte Calvario están ausentes.

El movimiento, los cortes viales, los operativos de seguridad en el centro de La Cañada brillan por su ausencia. El templo también cerró. Son pocas las personas en la calle. El Covid-19 alteró la vida del mundo, y el centro de El Marqués no es la excepción.

Este año no se escuchan las acusaciones a Jesús de Nazareth. Tampoco se escuchan los gritos pidiendo la liberación de Barrabás, ni los latigazos sobre la espalda del Nazareno, quien en silencio aguanta el suplicio para el perdón de los pecados de la humanidad.

La Verónica no podrá enjugar el rostro de Jesús, que quedaría plasmado en el paño, ni María, madre de Jesús, llorará por su hijo, azotado hasta la muerte en la cruz. Jerusalén no está este año en La Cañada.

Tradición arraigada

Gustavo Pérez Lara Hernández, historiador y promotor cultural de la Secretaría Adjunta de la Presidencia Municipal de El Marqués, explica que esta tradición nació en 1865, aunque no de la forma en que se conoce actualmente, pues la representación data de la década de los sesenta del siglo pasado.

“Tenemos el antecedente que cuando se dio precisamente el inicio de esta tradición fue en el año de 1865. Se rumora que se dio por iniciativa de las monjas enclaustradas de Santa Clara, que llegaron a La Cañada porque muchas de ellas eran de ese lugar.

Secretamente comienza ese fervor por instruir a los niños de La Cañada en las primeras letras, teniendo como prioridad la enseñanza de la fe católica”, indica.

Recuerda que unos años antes, en 1861, se había decretado en las leyes mexicanas la exclaustración de monjas y frailes, quienes tuvieron que regresar con sus familias a sus lugares de origen.

Con las mismas leyes de reforma se prohibieron los actos públicos de fe y la libertad religiosa, por lo que las tradiciones relacionadas con las creencias religiosas no podían ser llevadas a cabo en las calles de las poblaciones.

Comienza la representación

Las monjas enclaustradas comenzaron a enseñar a la población y llevan a cabo una tradición, de recrear la pasión de Cristo, aunque sin buenos ojos por parte de las autoridades civiles.

La primera tradición que llevaron a cabo en La Cañada las monjas fue el Paseo de Santo Entierro por las calles de La Cañada, que fue ideado por las monjas, pero que nunca se llevó a cabo.

“El Santo Entierro es la efigie de Jesús tendido, sin vida. Era una vitrina que se paseaba por todos lados, se procedía a las oraciones y a las vistas de casa en casa, pero en aquel entonces no se escenificaba con pobladores de La Cañada”, abunda.

En la década de los cuarenta del siglo pasado se dio el último intento de evitar las manifestaciones públicas de fe, pues durante la guerra cristera todas las actividades de culto hechas en la calle se prohibieron.

“En el año de 1962 comienza la devoción a tener una representación en vivo, ya con personajes interpretados por habitantes de La Cañada. Fue una representación en vivo, en escenarios que se creyó serían los ideales para esa remembranza, y eso es lo que ha sucedido”, asevera Pérez Lara.

El historiador recuerda que desde entonces no se había suspendido el Viacrucis en La Cañada, ni siquiera en momentos de premura económica.

Pasaron muchos años para que se viera interrumpida la tradición. Esta vez no fue por persecución política o religiosa, no fueron leyes ni guerras. Fue por una epidemia, como las que se presentaban en tiempos bíblicos.

Desde Roma hasta La Cañada, las tradiciones de Semana Santa tendrán que esperar o llevarse en la intimidad de las casas.

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