Chayoteros

Luis Cárdenas

“Es necesario ser un mar para poder recibir una sucia corriente sin volverse impuro”
Nietzsche.

Desde un lenguaje vulgar, por lo regular fanático, carente de profundidad y de sentido común, se le ha llamado “chayotero” a todo comunicador que, a cambio de un precio, habla bien del poder y mal de sus adversarios o que, también, se convierte en tapadera de las fechorías de los poderosos ya sea maquillando su gravedad o, de plano, omitiéndolas en la información que presenta.

Quizá la historia mejor contada de un chayotero, llena de licencias de ficción propias de la novela, podemos encontrarla en el “Vendedor de silencio”, por Enrique Serna sobre Carlos Denegri, que dibuja a un personaje siniestro que se vuelve poderoso a costa de lisonjas a políticos pero, aún más, a punta de convertirse en el cancerbero más temido de los secretos de la clase política mexicana entre 1940 y 1960.

Ese Denegri de novela sería la apoteosis del chayo, en una época donde la información fue extremadamente controlada por el Estado y cuando eran muy pocos los testigos de las corruptelas y excesos del poder.

Sin embargo, la realidad es muy diferente, máxime en 2021 cuando son pocas las cosas que se pueden ocultar, en gran parte gracias a las leyes de transparencia que han develado la ineptitud de administraciones de todos los partidos y que casi siempre terminan salpicadas de corrupción y en gran parte, también, gracias a la apertura brutal de medios de comunicación y redes sociales.

Los gobiernos y políticos populistas del mundo se han encargado de ensuciar la reputación de los medios de comunicación tachándolos, así con simpleza, de chayoteros. Su objetivo es oscuro: desprestigiar críticas e investigaciones que los exhiben en sus inmundicias, quitarse a base de descalificaciones uno de los más grandes contrapesos del poder, la prensa libre.

Al gobierno del populista López Obrador le ha caído muy mal la exhibida de uno de sus principales zalameros, Epigmenio Ibarra, que ha documentado con un enfoque mesiánico a la 4T y a su líder. 

Ibarra tiene todo el derecho de ensalzar lo que quiera al régimen de López Obrador así como de escupir basura a cualquiera de sus opositores, Ibarra tiene todo el derecho de creer, y hacer creer a su público, que a este país no le pudo venir mejor un hombre cuasi divino para cambiar el rumbo de su destino. Ibarra tiene todo el derecho de apostarle a la magia sobre la razón.

Sin embargo, recibir 150 millones de pesos de un crédito gubernamental para lamer suelas del poderoso no cuadra en la congruencia que pregona un gobierno que igual quita recursos a niños con cáncer que artistas y que quiere ahorrar hasta el último céntimo.

Ibarra, a diferencia de miles de empresas que necesitaban esos recursos para mantener y generar empleos, pudo tener un crédito con el mérito de ser un porrista de la 4T, supongo entonces que don Epigmenio es parte de los neochayoteros.

DE COLOFÓN

Benito Juárez encabeza la lista con más adultos mayores en la Ciudad de México, llama poderosamente la atención el retraso en la aplicación de la vacuna para esa alcaldía, ¿no tendrá nada que ver el hecho de que son panistas? 

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